Una Luz de Esperanza en el Hospital de Riberalta
Prensa CEB 29.12.2025. En una emotiva jornada navideña, el Nuncio Apostólico en Bolivia, Monseñor Fermín Sosa, llevó un mensaje de consuelo y fe a los pacientes y trabajadores del Hospital de Segundo Nivel de Riberalta. Durante la celebración de la Eucaristía, el obispo centró su reflexión en la presencia de Dios dentro del sufrimiento humano y la importancia de la caridad en los entornos hospitalarios.



El Hospital como «Santuario de la Humanidad»
Monseñor Sosa inició su homilía destacando que el hospital no es solo un centro de salud, sino un lugar donde se manifiesta la «verdadera humanidad». En un entorno donde a menudo imperan la tristeza, el abandono y la desesperación, el Nuncio recordó que es allí donde el amor de Dios se hace más tangible a través del servicio.
»El Papa Francisco siempre nos recordaba que la Iglesia tiene que ser como este hospital… porque es ahí donde se manifiesta la verdadera humanidad», expresó Mons. Sosa, vinculando la fragilidad de los enfermos con la figura de Cristo.




Un mensaje de cercanía y fe
El Nuncio compartió un testimonio personal sobre la salud de sus seres queridos para estrechar lazos con los familiares presentes. Aseguró que el mensaje central de la Navidad es la certeza de que nadie está solo, incluso en medio de diagnósticos difíciles o enfermedades terminales como el cáncer.
Citando el pasaje de los pastores en Belén, instó a los fieles a mantener una actitud de búsqueda y esperanza. Para el Nuncio esa búsqueda es el motor de la fe que otorga la fortaleza necesaria para enfrentar la vida cotidiana.
Reconocimiento al Personal de Salud
Uno de los momentos más significativos de la homilía fue la bendición dirigida al personal del hospital. Mons. Sosa destacó tres dimensiones fundamentales de su labor:
- La Inteligencia: Para buscar soluciones médicas efectivas a los males físicos.
- Las Manos: Definidas como «manos benditas» que ayudan a curar la enfermedad.
- El Corazón: Como la herramienta principal para sanar las heridas del alma, tales como el desamor y el abandono.
Al finalizar, el Nuncio Apostólico de Bolivia reafirmó el compromiso de la Iglesia de acompañar a los más vulnerables, recordando que el personal sanitario actúa como las «manos de Dios» para asegurar que ningún hijo sea abandonado en su sufrimiento.


