Este domingo la Iglesia celebra la Solemnidad del Bautismo del Señor
Prensa CEB 8.01.2026. Este domingo, la Iglesia universal conmemora la Solemnidad del Bautismo del Señor, momento que marca el inicio del ministerio público de Jesús en el río Jordán. Esta teofanía revela la Santísima Trinidad: los cielos se abrieron, el Espíritu Santo descendió como paloma y la voz del Padre proclamó: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
Jesús se acercó a Juan Bautista pidiendo ser bautizado, sumergiéndose en las aguas del Jordán según el rito judío. Inmediatamente después, se manifestó la Trinidad completa: el Hijo presente en el agua, el Espíritu Santo descendiendo y el Padre declarando desde el cielo su complacencia divina. Este momento subraya la obediencia de Jesús a la voluntad del Padre.
La celebración tiene profundo significado teológico. Jesús acepta su misión como Siervo, dando inicio a su vida pública de predicación y salvación. Además, concluye el Tiempo de Navidad y abre el Tiempo Ordinario en el Año Litúrgico.
Los fieles renovarán sus promesas bautismales, recordando que en Cristo todos participan de esta filiación divina. La liturgia invita a contemplar cómo Jesús, sin pecado, se hace solidario con la humanidad para redimirla.
A continuación, compartimos el Comentario Bíblico para este domingo compartido en la Hoja Dominical “Día del Señor”
PRIMERA LECTURA: Isaías 42,1-4.6-7. Éste es mi servidor en quien se complace mi alma.
En el texto sagrado, tenemos la presentación del siervo (42,1-4) y la Palabra que Dios le dirige (42,6-7), que define su misión. La presentación sitúa al pueblo que sale del exilio en el ruido de fondo que une la liberación de Egipto y la salvación prometida (el futuro reino mesiánico). El profeta implica a Dios en la presentación del siervo: «Miren a mi siervo». Así avala su misión. Ésta (42,6-7) se enraíza en el fin de la cautividad de Babilonia y se concreta en acciones liberadoras: «Ser alianza de un pueblo y luz de las naciones»; «abrir los ojos a los ciegos»; «liberar a los cautivos y a los oprimidos». El siervo es artífice de este plan. Por eso, el derecho (la justicia) que trae es el mismo que Dios ha dado a Israel, un derecho que será luz de las naciones.
SEGUNDA LECTURA: Hechos 10,34-38. Dios lo ungió con el Espíritu Santo.
El discurso de san Pedro se inscribe en la escena ocurrida en casa de Cornelio (10,34-43) que prepara la recepción del Evangelio por los pueblos no judíos. San Lucas afirma que Jesús de Nazaret es el Siervo que trae la salvación a todos los pueblos (10,38): Dios ha puesto su Espíritu en Jesús; lo ha ungido con la fuerza del Espíritu Santo; ya desde el inicio, Dios estaba con El.
EVANGELIO: Mateo 3,13-17.
Apenas fue bautizado, Jesús vio el Espíritu de Dios descender sobre Él. San Mateo presenta: a) los protagonistas y el lugar de la escena (3,13); b) el diálogo entre Juan y Jesús (3,14-15); c) la revelación de la Santísima Trinidad (3,16-17). La escena del bautismo proclama la identidad de Jesús y sella su Misión de cumplir la voluntad de Dios. El hecho de salir del agua evoca el tema del éxodo donde aparece el Espiritu que guía al pueblo y se invoca la intervención de Dios. El cielo abierto subraya la irrupción de Dios. La imagen de la paloma indica la permanencia del Espíritu de Dios en Jesús. La voz del cielo identifica la proclamación mesiánica del Salmo 2,7 con la presentación y elección del Siervo de Yahvé (Is 42,1). En la escena del río Jordán, Dios manifiesta, en Jesús de Nazaret, su solidaridad con los pecadores y une el cielo y la tierra: los pecadores se convierten en hijos, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre.

