“Decir QUERIDA AMAZONÍA es amar este territorio y a sus pueblos”, entrevista con Cardenal Pedro Barreto
En el marco de la renovación del convenio de cooperación entre la PUCE, la CEAMA y el PUAM, recibimos la visita del cardenal Pedro Barreto, presidente de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) y una de las voces más significativas en el proceso sinodal amazónico. Su presencia coincidió con una fecha especialmente simbólica: los seis años de la exhortación apostólica Querida Amazonía, un documento que sigue iluminando la misión de la Iglesia en la región y que inspira gran parte del trabajo académico, pastoral y territorial que hoy se impulsa desde estas instituciones.

Aprovechando este encuentro —un espacio que el propio Cardenal destacó como pionero en su compromiso con la Amazonía— realizamos una conversación sobre el camino recorrido desde la publicación de Querida Amazonía y los desafíos que permanecen abiertos. El cardenal Barreto reflexionó sobre la importancia de sostener procesos, fortalecer articulaciones y caminar juntos al servicio de la vida y la dignidad de los pueblos amazónicos.
Esta entrevista no solo revisita seis años de un documento fundamental, sino que también ilumina el horizonte hacia el cual estamos llamados a seguir avanzando como Iglesia, academia y sociedad.
El cardenal Pedro Ricardo Barreto, S. J., es un jesuita peruano reconocido por su defensa del medio ambiente, los derechos humanos y los pueblos amazónicos. Ha sido arzobispo de Huancayo (2004–2024) y presidente de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), y desde 2022 preside la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA). Elevado al cardenalato en 2018 por el papa Francisco, su trayectoria combina una profunda misión pastoral con un firme compromiso por una Iglesia encarnada en la realidad de la Amazonía.
Han pasado ya 6 años desde que el papa Francisco entregara al mundo su exhortación apostólica Querida Amazonía. ¿Es vigente aún el llamado que se hace en el documento? ¿Cuál es la deuda de la Iglesia en cuanto a la respuesta que se ha dado a ese llamado?
En primer lugar, tenemos que dar gracias a Dios por el papa Francisco, que nos regaló esta exhortación apostólica después del Sínodo sobre la Amazonía, y él mismo puso este título: Querida Amazonía. Cuando durante siglos la Amazonía ha sido dejada a un lado, y cuando sus habitantes eran considerados como salvajes, como si nada nos enseñaran a nosotros, decir ‘Querida Amazonía’ indica que estamos apreciando las culturas milenarias que hay en la región, con los pueblos indígenas, y la riqueza del ecosistema vivo que es la región amazónica.
Pero me es muy importante indicar que la experiencia inicial del proceso sinodal comenzó con la Red Eclesial Panamazónica en 2014, fruto de una experiencia muy en pequeño aquí en Ecuador, en el Vicariato Apostólico de Puyo (en abril de 2013), que después fue creciendo, tanto en América Latina, en los países que estamos fuera de Brasil, y por último Brasil entró en este proyecto maravilloso de la Red Eclesial Panamazónica. Ya lleva 12 años. Desde hace 5 años tenemos la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), que ha ido dando pasos fundamentales para institucionalizar esta primera conferencia eclesial de una región: la región amazónica.
Uno de los frutos es el Programa Universitario Amazónico (PUAM), que nos tiene muy contentos al ver cómo, en tres años y medio, han logrado poner en una situación muy expectante un servicio universitario con calidad educativa y con una espiritualidad para poder tecnificar a quienes vienen de los pueblos originarios. Esto va a significar mucho.
Por otro lado, tenemos que dar gracias a Dios porque el Papa León XIV está muy enterado de lo que estamos viviendo y, para él, no es desconocida la Amazonía porque, como religioso agustino, superior religioso, ha estado en la Amazonía visitando las comunidades de la congregación agustiniana. Entonces, el Papa León XIV ha ratificado su deseo de institucionalizar el proceso sinodal.
Sin embargo, tenemos que reconocer que ha habido avances. Hemos tenido una reunión de todos los obispos amazónicos —más de 90 obispos de los 9 países que hacen parte de este bioma—, que ha sido verdaderamente un éxito. Y ahora estamos, de alguna manera, preparando, ya próximos, una asamblea de la CEAMA que va a ratificar no solamente este camino sinodal, sino que va a apoyar fundamentalmente el Programa Universitario Amazónico, también la REPAM y también la Red de Educación Intercultural Bilingüe.
En ese sentido, se ha hablado de la CEAMA como una estructura que abraza este proceso dentro de la Iglesia amazónica y latinoamericana. ¿Qué desafíos se presentan para la Iglesia dentro del territorio amazónico, a la luz de la misión de la CEAMA, que ha estado bajo su liderazgo en los últimos años, en cuanto a la escucha de los clamores que emergen del territorio?
Hay clamores de las poblaciones indígenas. Ha habido muchos asesinatos de líderes socioambientales indígenas, también de sacerdotes y religiosas en los últimos años; esto nos indica que hay que, de alguna manera, proteger la vida de las poblaciones indígenas. Pero, al mismo tiempo, también tenemos que reconocer que nos falta mucho para poder responder realmente a este desafío de cuidar la vida y cuidar también el entorno natural. Esto para mí es muy importante. La REPAM, la Red Eclesial Panamazónica, está en el territorio y está articulando todo el esfuerzo que se está haciendo para cuidar la vida y cuidar el entorno natural.
¿Entonces el acceso a la educación puede responder a esos clamores?
Es urgente la respuesta educativa. Y tenemos nosotros este programa de educación, un Programa Universitario Amazónico, el PUAM, que está respondiendo a este gran desafío, para que los mismos indígenas puedan asumir un rol protagónico en el desarrollo sostenible e integral de todas las poblaciones indígenas.
Desde lo que la Iglesia ha aprendido junto a los pueblos —la Iglesia en la Amazonía nunca ha sido ajena a este territorio—, ¿cuál es la deuda de la educación hacia este territorio y qué debe aprender la academia de los modelos pedagógicos y de los saberes de los pueblos?
En realidad, la Iglesia católica —como ya he indicado— está desde el siglo XVI presente en la Amazonía, pero estaba de manera desarticulada, quizá por la falta de comunicación. Los medios tecnológicos no estaban tan avanzados como ahora; estaba totalmente desarticulada. Sin embargo, se hizo una labor, yo diría, de cimientos de lo que ahora, desde la CEAMA, desde la REPAM, desde el PUAM y desde la Red de Educación Intercultural Bilingüe, estamos respondiendo: los retos fundamentales de la falta de educación, de la falta de respeto por la vida y por el entorno natural. Nos sentimos verdaderamente privilegiados por ser pastores de una grey que no estuvo abandonada, pero sí estuvo desarticulada en su misión. Y la Iglesia, con el papa Francisco —especialmente con Querida Amazonía— y también con el Papa León XIV, está muy convencida de que el futuro, de alguna manera, va a estrechar esta comunicación con los pueblos originarios.
¿Qué puede aprender entonces la Iglesia y la academia —la formación— de los saberes de los pueblos?
En primer lugar, creo que la academia —el Programa Universitario Amazónico, el PUAM— debe tener una actitud de humildad. No se trata de ir a enseñar; la mejor enseñanza es que mutuamente aprendamos unos de otros. Sabemos que los grandes guardianes de la naturaleza —como los llamó el papa Francisco—, las poblaciones indígenas, son aquellos que han nacido en la Amazonía, que son parte de un pueblo ancestral. Son más de 340 pueblos originarios en la Amazonía, más de 240 lenguas que tienen y unos 120 comunidades indígenas no contactadas, es decir, en aislamiento voluntario. Hay que aprender con humildad y ofrecer también, con humildad, aquello que la academia tiene.
Para ir cerrando: ¿a qué debe apuntar la educación, específicamente la educación superior universitaria en la Amazonía? ¿Qué se debe priorizar?
Creo que —y estoy convencido de verdad— la Iglesia se está dando cuenta de que tiene una raigambre educativa histórica. Jesús es el maestro, el gran maestro de todos y cada uno de nosotros; los discípulos le llamaban Maestro, y él enseñaba con ejemplos muy sencillos. Por tanto, tenemos que ser conscientes de que estamos llevando la Buena Noticia para que ellos descubran en sí mismos los valores que Dios ha puesto en sus corazones y que ellos son realmente protagonistas del desarrollo humano integral de esas poblaciones. Por tanto, la Amazonía no debe ser considerada como un terreno para expropiar, para ir y dilapidar los recursos naturales y la vida. Al contrario, tenemos que ser conscientes de que la Amazonía, para el mundo, es un pulmón, pero también una fuente de riqueza cultural que los pueblos amazónicos nos ofrecen.
Con este precedente, ¿qué representa el PUAM ante este desafío educativo universitario?
El PUAM tiene una misión muy especial dentro de este proceso sinodal de la Iglesia de la Amazonía, desde la CEAMA. ¿Por qué? Porque inspira cambios en la persona con una espiritualidad y con un compromiso de defender la vida. Y el PUAM, en este caso, no quiere transmitir solo saberes científicos, sino también recuperar esos saberes ancestrales que existen. Por tanto, estoy muy contento y muy animado, lleno de esperanza, de que en los próximos años veamos indígenas fortalecidos con esta formación: desde la Amazonía, en la Amazonía y para la Amazonía, y desde ella al mundo.
Para finalizar, en un tono de llamada a la propia Iglesia y a sus estructuras: ¿cómo deben las instituciones de Iglesia apostar por el trabajo del PUAM y cómo podrían acompañarlo más?
Sí. La evangelización en la Iglesia es el ejemplo de la parábola de la semilla pequeña que se siembra. El PUAM es una pequeña semilla; la CEAMA es una pequeña semilla; la evangelización, la Iglesia misma, es una pequeña semilla que está creciendo y que tenemos que regar y cuidar para que siga creciendo. Por tanto, la educación es la columna vertebral de la fe, la columna vertebral de la esperanza. Tenemos que ser muy conscientes de que estamos viviendo un tiempo de gracia, un tiempo de regalo de Dios, porque estamos articulando todos los esfuerzos para bien de las poblaciones indígenas, para bien de la Amazonía y, desde ella, para bieºn de la humanidad.

