Mons. Arana exhorta a escuchar la Palabra y ayunar del lenguaje hiriente para una conversión auténtica en Cuaresma
Prensa CEB 22.02.2026. Mons. Giovani Arana, Obispo de la Diócesis de El Alto y secretario general de la Conferencia Episcopal Boliviana, presidió la celebración del Primer Domingo de Cuaresma desde la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles en La Paz, invitando a los fieles a vivir un camino de conversión auténtica, centrado en la escucha de la Palabra de Dios y en un ayuno que transforme el corazón.
Cuaresma: camino hacia la Pascua
El prelado recordó que la Cuaresma, iniciada el pasado Miércoles de Ceniza, es un tiempo de 40 días que “no tiene un fin en sí misma”, sino que está orientada a preparar la celebración del triunfo de Cristo sobre la muerte en la Pascua. Insistió en que este período debe ser vivido comunitariamente, “caminando juntos”, asumiendo la invitación de Dios: “conviértanse, cambien de vida”, no para aparentar, sino para ser auténticos testigos cristianos puestos al servicio de los demás, especialmente de los más pobres.
Escuchar y ayunar: eje del mensaje del Papa
Mons. Arana vinculó su reflexión con el mensaje de Cuaresma del Papa León XIV, titulado “Escuchar y ayunar, la Cuaresma como tiempo de conversión”, subrayando dos aspectos esenciales: la escucha de la Palabra y la práctica del ayuno. Citó al Papa al afirmar que “el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios”, e invitó a pasar de una cercanía solo afectiva a una cercanía efectiva con la Escritura, dejando que ella transforme la vida de los creyentes.


Un ayuno que desarma el lenguaje
Al explicar el sentido actual del ayuno, el Obispo destacó la propuesta del Papa de abstenerse de palabras que hieren, juzgan y difaman, haciendo un llamado concreto a “desarmar el lenguaje”. Señaló que el fiel está llamado a renunciar a expresiones ofensivas, al juicio inmediato y a hablar mal de quienes no pueden defenderse, para practicar la amabilidad y el buen trato en la familia, entre amigos, en el trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Este ayuno del lenguaje, dijo, es una forma concreta de conversión que construye comunión y refleja la misericordia de Dios.


El pecado, la verdad y la gracia de Dios
Comentando la primera lectura del Génesis, Mons. Arana recordó que el ser humano fue creado por Dios sin pecado y que el mal entra en la historia por la desobediencia y la mentira, simbolizada en la serpiente que engaña a la mujer y al hombre. Advirtió que cuando las personas se alejan de la verdad o “comienzan a inventar cosas”, corren el riesgo de ser engañadas o de dañar a los demás, por lo que llamó a vivir “con y en la verdad que es Cristo”. A la luz de san Pablo.

Las tentaciones en el desierto y los desafíos de hoy
Al comentar el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto, el obispo aclaró que ni Cristo ni el cristiano buscan la tentación, pero sí están llamados a enfrentarla y vencerla cuando se presenta, sosteniéndose en una profunda experiencia de encuentro con Dios. La primera tentación, relacionada con el pan, fue interpretada como el riesgo de poner lo material por encima de lo espiritual; Jesús responde que “no solo de pan vive el hombre”, lo que para Mons. Arana es una invitación a cuidar también el alimento interior que ofrece la Palabra.
La segunda tentación, ligada al poder y al uso de privilegios, fue presentada como advertencia contra la tentación de hacer “carrera” en varias esferas y dentro de la Iglesia: “la Iglesia no es una institución donde cada integrante busca lugares de poder”, dijo, sino un espacio para el servicio, especialmente cuando se asumen mayores responsabilidades. La tercera tentación, la idolatría, fue aplicada a la realidad actual: el culto al dinero, a la moda, a la vanidad, al propio ego y a amuletos o supersticiones, frente a lo cual Jesús recuerda: “Adorarás al Señor tu Dios y a Él solo rendirás culto”, llamado a dejar que solo Dios gobierne la vida.



Llamado final a una experiencia de desierto
Mons. Arana invitó a que esta Cuaresma sea para todos “una experiencia de desierto” entendida como encuentro con Dios en medio de dificultades, soledad y pruebas, para que a partir de ese encuentro la vida cambie realmente. Animó a mantenerse atentos a las tentaciones cotidianas y a combatirlas con el ejemplo y la ayuda de Jesús, confiando en la fuerza transformadora de la Palabra de Dios y en la gracia de los sacramentos. Encomendó este camino a la intercesión de la Virgen María, modelo de fortaleza y disponibilidad, para llegar al final de la Cuaresma a celebrar con Cristo la victoria pascual, con un corazón renovado.
A continuación la homilía completa.

