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Mons. Giovani Arana llama a una conversión auténtica al iniciar la Cuaresma

Prensa CEB 18.02.2026. Monseñor Giovani Arana, obispo de la Diócesis de El Alto y secretario general de la Conferencia Episcopal Boliviana, presidió la Eucaristía del Miércoles de Ceniza en la Catedral Metropolitana de La Paz, con la presencia de colaboradores de la CEB, estudiantes de colegios privados y medios de comunicación. En la celebración, marcada por la imposición de cenizas, invitó a los fieles a vivir la Cuaresma como un tiempo de gracia y de conversión verdadera.

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𝐌𝐨𝐧𝐬. 𝐆𝐢𝐨𝐯𝐚𝐧𝐢 𝐀𝐫𝐚𝐧𝐚 𝐥𝐥𝐚𝐦𝐚 𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢ó𝐧 𝐚𝐮𝐭é𝐧𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐚𝐥 𝐢𝐧𝐢𝐜𝐢𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐂𝐮𝐚𝐫𝐞𝐬𝐦𝐚 #IglesiaBolivia #iglesicatolica #Cuaresma

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En su homilía, remarcó que la conversión no puede quedarse en gestos externos, sino que es un movimiento interior, “de adentro hacia afuera”, donde se trata de “rasgar el corazón y no los vestidos”, tal como exhorta el profeta Joel. Presentó a Dios no como un juez implacable, sino como un Padre compasivo y misericordioso, que conoce la fragilidad y la devastación interior de sus hijos y los invita a volver a Él con todo el corazón, por medio del ayuno, la oración y el arrepentimiento sincero.

Mons. Arana vinculó este llamado con el mensaje de Cuaresma del Papa León XIV para 2026, centrado en “Escuchar y Ayunar”, insistiendo en la necesidad de hacer silencio exterior e interior para acoger la Palabra de Dios. Animó a redescubrir la oración silenciosa, la lectura orante del Evangelio, la voz de la propia conciencia y el clamor de los pobres, advirtiendo que solo quien escucha de verdad puede convertirse. A la vez, pidió no reducir la Cuaresma a una costumbre que se repite cada año, sino entenderla como una llamada actual y personal de Dios.

Aludiendo a san Pablo, recordó que “ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación”, exhortando a no postergar la conversión ni el encuentro con la misericordia divina. Invitó a acercarse sin miedo al sacramento de la reconciliación, que describió no como un “tribunal de condena”, sino como el lugar del abrazo del Padre. Hizo también un llamado particular a los sacerdotes para que ofrezcan amplios espacios para la confesión, de modo que los fieles puedan experimentar con mayor facilidad el perdón de Dios.

Finalmente, subrayó que las prácticas cuaresmales de limosna, oración y ayuno no deben vivirse para ser vistos ni como espectáculo religioso, sino como camino humilde de cambio de vida. Explicó que el verdadero ayuno implica hambre de Dios, renuncia a aquello que esclaviza —consumo, comodidad, egoísmo, lenguaje hiriente— y apertura a la solidaridad con los más necesitados.

Al recordar que la ceniza nos recuerda que “somos polvo y al polvo volveremos”, añadió que ese polvo está llamado a la gloria, e invitó a iniciar este camino cuaresmal con confianza, de la mano de María, “mujer del silencio y de la escucha”, para llegar a la Pascua con un corazón transformado.

A continuación la homilía completa.

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