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Iglesia convoca a los bolivianos a ser pescadores de esperanza, sembradores de paz, y constructores de un mundo más humano

Prensa CEB 25.01.2026. En la Basílica Menor Nuestra Señora de los Ángeles, Mons. Giovani Arana, obispo de la Diócesis de El Alto y secretario general de la Conferencia Episcopal Boliviana, presidió la Eucaristía del III Domingo del Tiempo Ordinario, destacando el Domingo de la Palabra de Dios instituido por el Papa Francisco hace siete años. Dirigiéndose a los fieles presentes y a quienes seguían la transmisión desde hogares, hospitales, cárceles y todos los rincones de Bolivia, el prelado invitó a abrir el corazón a la Palabra viva de Dios, que ilumina la realidad concreta del país.

Tinieblas y luz en Bolivia

En su homilía, Mons. Arana vinculó las lecturas bíblicas con la situación social, el cansancio económico, las divisiones y la sede de paz y justicia en Bolivia. Citando al profeta Isaías –»El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz»–, subrayó que Dios promete luz en medio de la oscuridad, sin negar el sufrimiento: «No es una esperanza ingenua, sino que identifica el dolor y no se deja vencer». Alertó sobre las «tinieblas de desconfianza, pobreza, jóvenes sin oportunidades y corrupción», proponiendo como salida no la división ni la violencia, sino la luz de Cristo, «que orienta».

Centralidad de la Palabra de Dios

El obispo enfatizó la centralidad de la Biblia, «el libro más traducido y editado, pero el menos leído», instó a tomar este Libro Sagrado como pan que alimenta, lámpara que ilumina y voz que une en tiempos de confrontación y desinformación. «Un pueblo que acoge la Palabra encuentra el camino correcto», afirmó, cuestionando el lugar que ocupa en decisiones personales, familiares y sociales.

Un llamado contra las divisiones y la reconciliación

Desde la segunda lectura de San Pablo, cuestionó las divisiones en Corinto como espejo de la polarización boliviana: «Cristo no está dividido. Bolivia necesita personas que tiendan puentes y reconozcan la dignidad del otro», exhortó. La Iglesia, dijo, debe ser signo de reconciliación y unidad. Desde la iluminación del Evangelio, el obispo alentó a cambiar la violencia por diálogo, el egoísmo por bien común y la indiferencia por solidaridad. Extendió la llamada de Jesús a los primeros discípulos –»Síganme y los haré pescadores de hombres»– a todos los bolivianos, especialmente a los jóvenes les dijo: «¿No te estará llamando Jesús para ser sacerdote o consagrado? Cristo sigue caminando por nuestras calles y dice: ‘Síganme, no mañana, sino hoy'», puntualizó.

Esperanza bajo la protección de María

Mons. Arana concluyó su homilía invocando a la Virgen María, «mujer de la Palabra», para que ayude a Bolivia a reencontrarse como hermanos, con esperanza: «La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la pueden vencer».

La celebración, transmitida por Bolivia TV y las redes sociales de la Conferencia Episcopal Boliviana , comparte el papel profético de la Iglesia en la construcción de una nación en paz, justicia y amor.

A continuación la homilía completa.

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