Desde el Hospital de Clínicas, Mons. Basilio Mamani llama a mirar al enfermo como hijo amado de Dios
Prensa CEB 11.02.2026. La homilía pronunciada por Monseñor Basilio Mamani, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de La Paz, en la Jornada Mundial del Enfermo estuvo marcada por un llamado profundo a la esperanza, a la compasión y al servicio perseverante hacia las personas que sufren enfermedad física o espiritual.
El enfermo, un hermano que reclama cercanía
En la misa transmitida desde la capilla del Hospital de Clínicas, con la participación de algunos pacientes y personal de salud, el obispo recordó que el enfermo nunca debe ser visto como una carga sino como un hermano que reclama amor concreto, compañía y cercanía de la comunidad cristiana.


Una jornada para vivir la compasión cada día
Durante la celebración, difundida de manera conjunta desde la Oficina de Comunicación de la Conferencia Episcopal Boliviana, Pastoral Social Cáritas Bolivia y la Arquidiócesis de La Paz, Monseñor Mamani invitó a vivir esta jornada no solo como una fecha especial, sino como una actitud cotidiana inspirada en la Palabra de Dios. Insistió en que el cuidado de los enfermos suele ser exigente y difícil dentro de las familias, pero precisamente allí se pone a prueba la calidad del amor y la capacidad de acompañar sin cansarse.


Fe que no se rinde ante las dificultades
Meditando el pasaje del Evangelio de san Marcos sobre el paralítico llevado por sus amigos hasta Jesús, el obispo subrayó que la fe auténtica “no se rinde ante las dificultades” y busca caminos creativos para acercar al que sufre al encuentro con el Señor. Recordó que, así como aquellos amigos no se detuvieron ante la multitud y abrieron el techo para llegar a Jesús, hoy también la Iglesia está llamada a no poner excusas, a no decir “ya no” ni dejarse vencer por el cansancio cuando se trata de servir a los enfermos, a los frágiles y a los más solos.
La mirada de Jesús: ternura y dignidad para quien sufre
Monseñor Mamani explicó que la mirada de Jesús hacia el enfermo es siempre una mirada de amor, alegría y ternura, que no excluye ni margina a nadie. Afirmó que el enfermo, limitado en su movilidad, en su alimentación o en sus fuerzas, necesita sentirse mirado como “hijo amado” por Dios y acompañado por su familia, por los médicos, el personal de salud, los voluntarios y las comunidades parroquiales. En este sentido, destacó que el abandono y la soledad son heridas profundas que la comunidad cristiana está llamada a combatir con gestos concretos de cercanía, escucha y oración.

El Buen Samaritano, modelo de amor en movimiento
Inspirado en el mensaje del Papa para la Jornada Mundial del Enfermo, el obispo recordó la figura del Buen Samaritano y señaló que el amor “no es estático”, sino que pone en movimiento, empuja a salir de uno mismo y a ir al encuentro del hermano herido. Subrayó la actualidad de la compasión como actitud cristiana esencial: no una palabra abstracta, sino un estilo de vida que impulsa a compartir el dolor del otro, a cargar con él y a sostenerlo en medio del sufrimiento. “No nos tenemos que cansar de amar”, reiteró, invitando a todos a descubrir “la belleza de la caridad y de la compasión”.
A continuación la homilía completa.

