Hace 200 años se aprobaron las constituciones y reglas de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada
El 17 de febrero los Misioneros Oblatos de Maria Inmaculada cumplieron 200 años de la aprobación de las constituciones y reglas, y con ese motivo el papa los recibió con una audiencia privada.
La audiencia privada con el papa León XIV marcó un momento que quedará grabado en la memoria de los Oblatos Misioneros de María Inmaculada. No fue un simple encuentro protocolar. Fue un reconocimiento explícito a una historia tejida con sacrificio, misión y presencia entre los más olvidados.

Encabezados por el superior general, padre Luis Ignacio Rois Alonso, una representación significativa de la congregación fue recibida en el Vaticano. Allí, el Pontífice no solo saludó a los presentes, sino que evocó con fuerza la identidad y la raíz de su carisma.
Dirigiéndose a los Oblatos, el Papa recordó que al fundador, el obispo francés san Eugène de Mazenod, eligió evangelizar a los más necesitados en una Europa convulsionada por acontecimientos complejos y dramáticos, cuando la proclamación del Evangelio se volvía urgente. Subrayó que habló con firmeza y actuó en defensa de la dignidad de los pobres, trabajadores y campesinos explotados como simple fuerza laboral, ignorados en sus necesidades humanas más profundas.
El Pontífice destacó además la audacia misionera de Mazenod, quien envió religiosos a Canadá, Europa, África y Asia, dando origen a un florecimiento de vocaciones que transformó a la congregación en una presencia global.
Hoy, con más de 3.000 religiosos en 70 países, los Oblatos continúan su ministerio con la misma opción preferencial por los más vulnerables. El Papa resaltó que esta misión se ve enriquecida por una familia carismática extendida y por una creciente valoración de las culturas locales.
“Acogéis esta vitalidad como regalo y como señal que os impulsa a preservar y renovar el espíritu de vuestros orígenes”, afirmó.
La audiencia no fue solo una cita en la agenda pontificia. Fue una confirmación pública de que la misión iniciada en tiempos turbulentos sigue viva, latiendo allí donde la dignidad humana necesita ser defendida y el Evangelio anunciado.


