Mons. Roberto Flock: Nueva agenda forestal
Mons. Roberto Flock, obispo de San Ignacio de Velasco, expresó su opinión sobre el tema forestal en Bolivia, y lamentó no haber sido invitado a la reciente cumbre “Adaptación y mitigación al cambio climático: desbloqueando financiamiento para la nueva agenda forestal de Bolivia”, realizada el 27 y 28 de abril en Santa Cruz. A pesar de las urgentes llamadas del Papa Francisco en Laudato Si’ y Querida Amazonía, el encuentro reunió solo a autoridades, inversionistas y donantes, ignorando la voz eclesial en un tema vital para el medioambiente.
A continuación el artículo de opinión, emitido en el periodico El Día a inicios del mes de mayo.
NUEVA AGENDA FORESTAL.
“Cuando el primer ángel tocó la trompeta, cayó sobre la tierra granizo y fuego mezclado con sangre: la tercera parte de la tierra fue consumida, junto con la tercera parte de los árboles y toda la hierba verde” (Apocalipsis 8,7).
Me habría gustado participar, en representación de la Conferencia Episcopal de Bolivia, en el encuentro “Adaptación y mitigación al cambio climático: desbloqueando financiamiento para la nueva agenda forestal de Bolivia”, que se realizó los días 27 y 28 de abril en Santa Cruz, con autoridades gubernamentales, inversionistas, donantes e instituciones bilaterales y multilaterales para articular prioridades respecto al medioambiente y al financiamiento “verde”, pero no se les entró en la cabeza a los organizadores incluir a la Iglesia, a pesar de las grandes preocupaciones expresadas por el papa Francisco en su encíclica “Laudato Si’” y su exhortación apostólica “Querida Amazonía”. De hecho, soy encargado de la sección de ecología del Área de Pastoral Social Cáritas de la CEB.
Asimismo, como obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco, administro nuestras estancias ganaderas, donde también estamos experimentando con algo de soya. Además de financiarnos mediante la agroindustria, con tecnología de punta para producir carne de primera calidad (el arzobispo de Salta, al ser invitado a un churrasco con carne nuestra, la calificó como “mejor que la de Argentina”), estamos trabajando en sintonía con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y, con sus cámaras trampa en nuestras estancias, además de filmar jaguares, pumas, jaguarundíes, urinas, monos, pecaríes, tejones, osos hormigueros, etc., hemos captado imágenes de algunas especies rarísimas y en peligro de extinción: el muy tímido perro venadero (Speothos venaticus), también conocido como zorro vinagre, y el gato de las pampas (Leopardus braccatus), que sería solamente la cuarta vez que ha sido documentado con vida en todo el país.
Lamentablemente, San Ignacio de Velasco es el epicentro de la deforestación en Bolivia, como ha sido denunciado por la revista Nómadas, precisamente por la política del gobierno nacional de prohibir la exportación de carne y fomentar la producción de soya. Los centros de acopio del grano están apareciendo como hongos. Según mis consejeros, si invierto un millón de bolivianos en soya, voy a cosechar una ganancia neta de medio millón por mi esfuerzo. Es difícil no hacerlo.
La selva está siendo quemada sistemáticamente por ganaderos tradicionales, menonitas, soyeros, interculturales, brasileños, narcotraficantes y por incendios descontrolados. Con ello desaparece el hábitat de la flora y fauna, que pocos valoran. A esto se añade el hecho de que los campesinos e indígenas andan con escopetas en sus motos y cazan cualquier especie sin siquiera saber qué es. Hay empresas que traen turistas de los EE.UU. para matar a los animales en Bolivia, porque ya han eliminado la naturaleza allá, como en las películas de Avatar. Deberían comer nuestra excelente carne vacuna en vez de la carne del monte.
El mismo título del encuentro indica la principal preocupación del gobierno: desbloquear financiamiento. Ojalá que no sea para más destrucción, como amenaza el Apocalipsis. En la concepción socialista, los árboles no tienen una función social porque producen oxígeno y hábitat para la flora y fauna y para los pueblos originarios del oriente; solo la tienen cuando son cortados y convertidos en leña, madera, carbón y humo. Para los migrantes del interior, el árbol es un estorbo. Por no saber manejar el fuego, se han quemado más de 24 millones de hectáreas en el oriente boliviano en los últimos siete años. Es un pecado mortal. El ecocidio es suicidio y también una conducta antieconómica.
“El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. Y el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol de la vida en medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal”, y “vio que era muy bueno” (Génesis 2,9 y 1,31).
Que aprendamos a cultivar el muy buen jardín en que Dios nos ha puesto, en vez de traer sobre nosotros una destrucción apocalíptica.
Dios te bendiga.
Mons. Roberto Flock
Obispo de San Ignacio de Velasco


