Cristo humilde y cercano al pueblo: Mons. Aurelio llama a vencer el mal con justicia, paz y sencillez
Prensa CEB 2026.07.05 Este domingo 5 de julio, el obispo del Vicariato Apostólico del Beni, Monseñor Aurelio Pesoa, presidió la Eucaristía invitando a contemplar a Jesús como el Mesías humilde que trae la paz no con armas de guerra, sino con las “armas” de la bondad, la compasión, la justicia y la paz. A partir de la profecía de Zacarías, recordó que la verdadera buena noticia es la destrucción de todo aquello que impide la paz entre las naciones y lastima la vida de los hermanos.
Jesús revela al Padre a los sencillos
Meditando el Evangelio, Monseñor señaló que Jesús se presenta como Señor del cielo y de la tierra, y hace saber que Dios Padre se da a conocer a la gente humilde y sencilla, no a los sabios y entendidos de este mundo. Por eso insistió en que Jesucristo debe ser descubierto en el Evangelio y en los hermanos, ya que el Padre ha puesto todo en manos de su Hijo.
“El Rey Mesías viene a salvar no solamente a algunos, sino a todos los pueblos que estén dispuestos a escuchar su palabra”, afirmó, recordando que Él anuncia la paz y la justicia, y viene a eliminar todo lo que conduce al odio y a la violencia. Frente a esto, exhortó a los católicos a no dejar que domine el mal, especialmente a través de posturas intolerantes o de la indolencia que tanto daño causan en la sociedad.
Llamado a vencer la corrupción y la indiferencia






Monseñor Pesoa fue claro al señalar que estamos llamados a hacer prevalecer la justicia, para que actúe con imparcialidad y ayude a despojar de la tan odiada corrupción. Recordó que, como pastores y agentes pastorales –sacerdotes, obispos y laicos comprometidos–, existe el deber de anunciar el Evangelio y denunciar todo aquello que se sabe que no está bien.
“La prudencia no puede confundirse con la indiferencia”, advirtió, invitando a los creyentes a acompañar el camino de fe de todo hombre y mujer de buena voluntad que peregrina en este mundo. La adversidad, añadió, no debe desanimar en el anuncio del Evangelio, porque la soberanía de Jesús se expresa en la humildad, la no violencia y la paz.
“Vengan a mí los afligidos”: las cargas del pueblo boliviano
Refiriéndose a las palabras de Jesús “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré, porque mi yugo es suave y mi carga ligera”, Monseñor Aurelio presentó a Cristo como el maestro paciente que no impone cargas, sino que enseña el amor a Dios y al prójimo como un amor misericordioso. A la luz de este Evangelio, planteó varias preguntas interpeladoras: cuáles son las cargas que pesan hoy sobre los hombros de los habitantes del país, de qué cargas personales debemos liberarnos y qué cargas soportan los hermanos más necesitados en nuestros ambientes y pueblos.
Monseñor señaló que son sencillos y humildes de corazón quienes saben tolerar incluso en los momentos duros, en la propia debilidad y en la inseguridad que se vive hoy, particularmente en el ámbito económico. La verdadera humildad y sencillez, afirmó, debería ser parte de la identidad del alma creyente, capaz de dominarse y de conducir a buen puerto la propia vida y la vida de los hermanos, confiando en Jesús, el Hijo de Dios, que “destruirá los carros de Efraín, suprimirá el arco de guerra y proclamará la paz a las naciones”.
Poner en práctica el Evangelio



Al concluir su homilía, monseñor Aurelio subrayó que el Señor no nos invita solo a contemplar, pensar o meditar su Palabra, sino a ponerla en práctica cuando nos llama a seguirlo. Recordó que a nosotros se nos ha revelado el Dios con nosotros y pidió que nuestros oídos permanezcan atentos a lo que Dios quiere y pide de cada uno.


