Padre Agustín Stanislaw: “Una fraternidad sacerdotal auténtica también evangeliza”
Prensa CEB 8.07.2026. El padre Agustín Stanislaw, religioso redentorista (C.Ss.R.), fue el encargado de presentar el segundo tema de la 39ª Asamblea Nacional del Clero Boliviano, que se desarrolla en la Diócesis de Tarija. En su intervención, el presbítero subrayó que lo que une al clero más allá de las distancias geográficas es la misma fe en Jesucristo, “nuestro maestro, sumo y eterno sacerdote”, y la común misión de anunciar el Evangelio y apacentar al pueblo de Dios.
Luego de una oración inicial, el padre Stanislaw situó su reflexión en el marco del reciente aniversario de los decretos conciliares Optatam Totius (sobre la formación sacerdotal) y Presbyterorum Ordinis (sobre el ministerio y la vida de los presbíteros), recordando que allí se presenta la identidad del sacerdote, su misión, su espiritualidad y su relación con Cristo, el obispo, los demás presbíteros y el pueblo de Dios. A partir de estos documentos, estructuró su exposición en torno a varios ejes: la alegría de la vocación, la fraternidad presbiteral, la fidelidad y el servicio, y la sinodalidad como modo de caminar juntos en la Iglesia.
En primer lugar, resaltó “la alegría de la propia vocación de ser sacerdote”, que no nace de lo que el presbítero hace sino de quién está delante de Dios: un llamado, amado y elegido personalmente por Cristo. Advirtió que cuando un sacerdote pierde de vista esta gracia inmerecida, el ministerio puede convertirse en una carga, pero al recordar el día de la llamada incluso las dificultades se iluminan con esperanza. La alegría vocacional, explicó, se manifiesta en gestos concretos: celebrar la Eucaristía sin rutina, escuchar confesiones con paciencia, visitar enfermos con disponibilidad y acompañar a familias que sufren, como signos de un corazón agradecido que no sólo cumple funciones.
Un segundo punto fuerte de la charla fue “la belleza de la fraternidad presbiteral”. El padre Stanislaw insistió en que el sacerdote no fue ordenado para estar solo, sino para formar un solo presbiterio alrededor del obispo, y que la fraternidad se hace visible en caminar pequeños gestos: llamar a un hermano para preguntarle cómo está, compartir una comida sencilla, reemplazar con alegría a un sacerdote enfermo, corregir con caridad y rezar por quien atraviesa una crisis. Alertó también sobre los peligros de la división, las comparaciones y envidias, y recordó que “el pueblo necesita ver sacerdotes que se quieren, que se respetan y que caminan unidos”, porque “una fraternidad auténtica evangeliza tanto como una buena homilía”.
El expositor profundizó luego en la fidelidad y el servicio como “dos pilares inseparables de la vida sacerdotal”. Señaló que la verdadera fidelidad se juega en la constancia de las pequeñas cosas: la oración diaria aunque cueste, la celebración de la Eucaristía con amor aunque el templo esté casi vacío, la disponibilidad para confesar cuando los fieles lo piden y la atención cercana a enfermos, ancianos y jóvenes que buscan sentido para su vida. Con ejemplos tomados de su experiencia pastoral en distintas parroquias de Bolivia, lamentó la negativa de algunos sacerdotes ante pedidos de confesión o unción, y subrayó que “hay tiempo para todo, menos para ese servicio hecho con amor” cuando falta conciencia de la misión recibida.
Al abordar la sinodalidad, el padre Stanislaw aclaró que no se trata de una moda o simple estrategia pastoral, sino de un modo de vivir el Evangelio caminando juntos en comunión con el obispo, los demás presbíteros y los fieles laicos. La sinodalidad se hace concreta al escuchar y valorar los dones de catequistas, agentes pastorales, familias y jóvenes, preparar juntos las misiones, discernir en los consejos pastorales y rezar unidos antes de decisiones importantes. Recordó que la fidelidad al obispo es expresión de comunión eclesial y garantía de que el ministerio no responde a intereses personales, sino a la misión de toda la Iglesia.
Finalmente, relacionó fidelidad y misión con la necesidad de una unión íntima con Cristo, comparando la vida espiritual del sacerdote con la “batería” del teléfono celular que necesita recargarse todos los días. La fecundidad del ministerio, enfatizó, no depende del número de actividades, sino de la profundidad de la comunión con el Señor, en la Eucaristía, la adoración y la oración perseverante. Concluyó su intervención animando a los sacerdotes a renovar cada día el “sí” de su ordenación, a confiar en la misericordia de Dios y a dejar que Cristo siga haciendo el bien a través de sus manos y su corazón en medio del pueblo boliviano.


