Monseñor Percy Galván convoca a la reconciliación y a reconstruir la unidad del país en el 217 aniversario del Grito Libertario de La Paz
Prensa CEB 2026.07.17 La unidad como camino para sanar las heridas del país y recuperar la fraternidad entre los bolivianos fue el llamado que este jueves realizó monseñor Percy Galván, Arzobispo de La Paz, durante la celebración eucarística en la Catedral Metropolitana Nuestra Señora de La Paz por el 217 aniversario del Grito Libertario de la ciudad paceña.

También exhortó a dejar atrás las confrontaciones y a reencontrarse desde el perdón, la reconciliación y el amor, tomando como ejemplo a la Virgen María, cuya presencia -afirmó-, sigue siendo un signo vivo de comunión para las familias y para toda la nación.
En el contexto de su reflexión, recordó que la existencia humana no puede reducirse únicamente a las necesidades materiales o a la búsqueda de satisfacciones pasajeras, sino que encuentra su verdadero sentido cuando se orienta hacia los valores que Dios propone.
“Queridos hermanos, la vida no es solamente comer, tomar y bailar. La vida es mucho más que eso. Es trascender, adquirir los valores que nos trae Dios de la verdad, de la fraternidad, de la reconciliación y del amor”, expresó e invitó a redescubrir una vida cimentada en principios capaces de fortalecer tanto a las personas como a la sociedad.
María, signo de unidad para las familias y para Bolivia
Al profundizar en la figura de la Virgen María, Monseñor Galván destacó que toda persona ha experimentado, de una u otra manera, el amor de una madre, y que precisamente esa experiencia permite comprender el papel que María desempeña en la vida de la Iglesia y de los pueblos. “¿Qué significa la mamá, queridos hermanos? Fundamentalmente en el hogar, significa unidad”, afirmó, para después convertir esa imagen materna en un llamado directo a la realidad boliviana: “Hermanos paceños, hermanos bolivianos, basta ya de confrontarnos, parémosla de una vez por todas. ¿Acaso no somos seres humanos para podernos reconciliar? ¿Acaso no somos hombres y mujeres de fe para podernos perdonar?”.
El mensaje del arzobispo fue más allá de una exhortación espiritual y se convirtió en una invitación a reconstruir los vínculos entre personas de distintas regiones, culturas y pueblos. Al mencionar a collas, cambas, quechuas, aymaras, habitantes del área urbana y del campo, recordó que las diferencias no deben convertirse en motivos de división, sino en una riqueza que fortalezca la identidad nacional cuando está sostenida por el respeto mutuo y el reconocimiento de la dignidad de cada persona.


