Mons. René Leigue: “No podemos seguir dando frutos amargos de injusticia y egoísmo”
Dios espera frutos de amor, justicia y solidaridad
En la celebración eucarística de este domingo 4 de octubre, en la Catedral Metropolitana de Santa Cruz, Mons. René Leigue Cesari, Arzobispo de Santa Cruz, reflexionó sobre la parábola de los viñadores homicidas (Mt 21,33-43), destacando que Dios espera de quienes trabajan en su viña, que es el mundo, frutos de amor, justicia y solidaridad. A partir de las lecturas bíblicas, el pastor invitó a examinar las actitudes personales y colectivas frente a una realidad marcada por la incertidumbre, los conflictos y la falta de compromiso con el bien común.
La fe no puede producir frutos de egoísmo e indiferencia
Al iniciar el mes de las misiones, el Arzobispo recordó que la evangelización comienza en la propia casa y en el encuentro con quienes se han alejado de Dios, a quienes debemos acercarnos mediante el testimonio de vida. Al relacionar la imagen de la viña con nuestra responsabilidad como creyentes, cuestionó los frutos amargos de la soberbia, la injusticia, el egoísmo y la indiferencia ante los demás. Frente a ello, señaló que el Señor espera amor al prójimo, capacidad de dejar de lado el odio, la venganza y el rencor, además de solidaridad, diálogo, comprensión y trabajo por los demás.
El poder no es propiedad: la sociedad necesita autoridades que trabajen por el bien común
En su reflexión sobre la realidad nacional y cruceña, Mons. Leigue expresó su preocupación por el estancamiento del país, la falta de oportunidades para personas nuevas y preparadas, y los problemas que afectan a la sociedad, entre ellos los conflictos del transporte público. Cuestionó la mentalidad de quienes se consideran dueños del poder o buscan apropiarse de aquello que deben administrar, recordando que “somos peregrinos y no somos dueños de nada; somos administradores de lo que el Señor nos ha dado”. Asimismo, destacó como signo esperanzador el trabajo de la Asamblea Legislativa para alcanzar acuerdos y elegir un fiscal, señalando que cuando existe voluntad se puede avanzar. Exhortó a respaldar las acciones orientadas al bien de todos y al bien común, en lugar de mirar únicamente los intereses particulares.
Ante la incertidumbre, la oración y la confianza en Dios son fuente de paz
Finalmente, a partir de la carta de San Pablo a los Filipenses (4,6-9), el Arzobispo invitó a no dejarse vencer por la angustia, el miedo y la incertidumbre, sino a recurrir a la oración y a la súplica con fe y acción de gracias. Recordó que Dios escucha las peticiones de quienes se acercan a Él con sinceridad y que su paz acompaña a quienes mantienen sus pensamientos en lo justo, noble, puro y virtuoso. Concluyó pidiendo al Señor que nos acompañe, nos dé fortaleza y nos ayude a mantener siempre nuestra fe y confianza en Él.
Fuente: Arquidiócesis de Santa Cruz


