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Mons. Percy Galván llama a la reconciliación y al perdón para superar las divisiones en Bolivia

Prensa CEB 6.10.2026. Durante la Eucaristía celebrada el 4 de octubre en la Catedral de La Paz, Mons. Percy Galván llamó a los fieles a producir “frutos” concretos en su vida cristiana, poniendo especial énfasis en la reconciliación, el perdón y el amor como caminos para superar los conflictos personales, familiares y sociales que también afectan a Bolivia.

“Tenemos que dar frutos” en la vida cotidiana

A partir de la parábola de la viña, Mons. Percy Galván planteó que los cristianos están llamados a producir frutos a través de sus acciones. Para explicar esta idea, retomó una enseñanza atribuida a Santa Teresa de Calcuta: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. Y el fruto del servicio es la paz y la salvación”.

Para el Arzobispo de La Paz, esta secuencia resume el sentido de la vida cristiana: la fe debe traducirse en amor y servicio a los demás, y ese servicio debe contribuir a la construcción de la paz.

Discernimiento y sentido crítico para los jóvenes

Otro de los llamados estuvo dirigido especialmente a los jóvenes, a quienes pidió desarrollar el discernimiento y el sentido crítico frente a la información que reciben.

Mons. Galván explicó que discernir significa no aceptar todo de manera automática, sino conocer la realidad, analizarla y construir una opinión objetiva. Utilizó ejemplos relacionados con informaciones difundidas sobre autoridades de la Iglesia para insistir en la importancia de verificar y comprender aquello que se escucha o se comparte.

“Discernimiento, sentido crítico, conocimiento de la realidad, opinión objetiva”, señaló al referirse a los frutos que los jóvenes están llamados a producir.

La reconciliación como primer paso

Sin embargo, el mensaje central de la homilía estuvo marcado por la situación de división y confrontación que, a su juicio, afecta a la sociedad boliviana.

Mons. Galván recordó que a lo largo de su vida ha sido testigo de conflictos, confrontaciones, ambiciones políticas y corrupción, y planteó la necesidad de que los católicos asuman un papel activo para cambiar esa realidad.

“Ha llegado el tiempo como católicos de ser sal, de ser levadura en la masa, de ser luz en la oscuridad”, afirmó.

En ese contexto, identificó la reconciliación como el primer fruto que debe producirse. Su llamado abarcó las relaciones personales, familiares y también los ámbitos social, político y económico.

“Perdonémonos, reconciliémonos, abuenémonos”, exhortó, advirtiendo que los conflictos que no se resuelven pueden prolongarse entre generaciones.

Perdonar para comenzar de nuevo

El Arzobispo también estableció una diferencia entre pedir disculpas y perdonar. Para explicarlo, utilizó una hoja de papel que arrugó para representar cómo una ofensa, una calumnia, un chisme o una confrontación deterioran una relación.

Según explicó, pedir disculpas permite reconocer el daño y buscar la reconciliación, mientras que el perdón implica dejar atrás la ofensa.

“La disculpa es humana y el perdón es de Dios”, expresó durante la homilía.

Desde esta perspectiva, el perdón representa la posibilidad de comenzar nuevamente y dejar de alimentar el odio o el rencor.

Un llamado que comienza en las familias

El mensaje no se limitó al ámbito social. Mons. Galván pidió a los fieles identificar a las personas con las que mantienen algún conflicto y dar el primer paso hacia la reconciliación.

“¿Con quién están distanciados? Vayan y reconcíliense, no lo dejen pasar”, manifestó.

El llamado incluyó a las familias, donde pequeñas disputas, heridas y resentimientos pueden mantenerse durante años y terminar afectando a nuevas generaciones.

Para el Arzobispo, la transformación de la sociedad comienza también en estas relaciones cotidianas: perdonarse, dejar atrás el rencor y recuperar los vínculos.

“El bien que vamos a hacer a nuestro querido país de Bolivia”

Al finalizar su homilía, Mons. Percy Galván vinculó este proceso personal con la realidad nacional. Planteó que una sociedad marcada por la reconciliación, el perdón y el amor puede contribuir a superar los enfrentamientos que atraviesa el país.

Su exhortación final fue concreta: reconciliarse, perdonarse y amarse como una manera de aportar a la familia y a Bolivia.

“Vayamos a reconciliarnos, a perdonarnos y a amarnos”, concluyó.

Fuente: Arquidiócesis de La Paz

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