Virginia Quezada llama a derribar barreras y trabajar por el bienestar común para construir la paz
Prensa CEB 22.10.2026 La pastora Virginia Quezada, de la Iglesia del Nazareno, invitó a las comunidades cristianas a derribar barreras y trabajar por el bienestar de los demás durante su ponencia ‘El príncipe de paz en los profetas’, presentada en la segunda jornada de la Semana Teológica Ecuménica. El encuentro, organizado por la Sección Ecumenismo de la Conferencia Episcopal Boliviana, se desarrolla bajo el lema ‘Sembradores de Paz: de la Palabra de vida a la transformación social’.



Quezada explicó que su reflexión sobre el pensamiento profético permitió profundizar en las raíces de la fe cristiana y reconocer la presencia de Dios en la vida y en la historia. Desde esa perspectiva, planteó la necesidad de distinguir la paz que nace del vínculo con el Señor de los discursos que utilizan ese concepto para justificar relaciones de poder.
La expositora advirtió que la paz puede reducirse a un eslogan político e incluso emplearse como mecanismo de opresión. Como referencia, mencionó la paz romana en tiempos de Jesús y cuestionó las formas de entenderla que buscan imponer el poder antes que procurar el bienestar de las personas.



Frente a ello, sostuvo que la paz exige mirar más allá de las necesidades individuales. «La verdadera paz es aquella que nosotros tenemos en nuestro vínculo cotidiano con el Señor, esa que nos llama a ver no solo nuestro bienestar, sino ver el bienestar de toda la comunidad», afirmó. También alentó a mantener la esperanza y el compromiso con la transformación de la realidad: «Un mundo mejor es posible».
Otro eje de su mensaje fue la necesidad de superar las divisiones entre cristianos. Al referirse a la carta a los Efesios, recordó que Jesucristo rompió barreras para hacer un solo pueblo e invitó a reconocer la fe compartida como punto de partida para construir relaciones de unidad y servicio.
Finalmente, Quezada vinculó la entrega de Cristo con la responsabilidad de sus seguidores de comprometer su propia vida con los demás. «Reconocernos primero como cristianos y reconocer que Jesucristo dio su vida por nosotros» implica, señaló, asumir el deber de ofrecer también la vida «por la paz y el bienestar de los otros».




