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Presentan obras de fray Nicolás Armentia, religioso franciscano, misionero en Bolivia, obispo de La Paz, explorador, geógrafo, lingüista, antropólogo y escritor

Prensa CEB 22.11.2022.- Relación histórica de las misiones franciscanas de Apolobamba y Descripción del territorio de las misiones franciscanas, de fray Nicolás Armentia, fueron las dos obras que presentó la Vicepresidencia de Bolivia, a través de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, y que a su vez fueron editadas por Andrés Eichmann, investigador suizo-argentino especialista en arte colonial boliviano.

Al respecto, el también doctor en Filología, docente en la carrera de Literatura de la UMSA y coordinador de Voces Católicas de Bolivia brinda más detalles acerca de estos textos.

– ¿Quién fue fray Nicolás Armentia?

Andrés Eichmann (A.E). – Nació en 1845. Recibió una esmerada formación en Vizcaya y a los 15 años sintió la llamada a seguir los pasos de Francisco de Asís e ingresa a la orden. A sus 20 años llega a Bolivia, donde completa sus estudios y cuatro años más tarde se ordena sacerdote, en 1869. Ejerce su labor misionera en Tumupasa de 1871 a 1873 y pasa a Covendo de 1873 a 1880.

Entre 1881 y 1886 recorrió los ríos amazónicos Madre de Dios, Beni, Orton, Madidi, Purús, Madera y Mamoré. Luego regresó a La Paz, donde conocidos e instituciones amigas financian la publicación de los diarios de sus expediciones.

En La Paz fue profesor de Teología (1886), vicario (1888), guardián del Colegio de Propaganda Fide (1891-1894). En 1898, el Gobierno lo nombra Inspector General de Misiones, va a Sucre como Comisario General de la Orden y en 1901 es nombrado obispo de La Paz.

Fue un hombre muy observador y estudioso, entonces una de las cosas que hizo fue una larga navegación por los ríos de la cuenca del Madre de Dios. Después de estos años de misión, empezó a hacer recorridos para conocer mejor el territorio y para que la orden tuviera más nociones.

Esos recorridos los publicó en un libro y a medida que hacía viajes y pasaba años en las misiones, él también recogía las observaciones sobre las lenguas indígenas, el vocabulario, la gramática, la sintaxis, por lo que su aporte en esa área es fabuloso para el conocimiento de las tierras bajas.

– ¿Qué hace tan importante a esta obra para que sea incluida en la Biblioteca del Bicentenario?

A.E.- Se puede pensar que la obra del religioso franciscano Armentia es uno de los factores más determinantes por los que se tapó la boca a intelectuales peruanos que intentaban sustentar la tesis de que Apolobamba y Beni le correspondían a Perú.

El hecho de que estas regiones pertenezcan a Bolivia en parte se debe al fray Armentia. Eso no escapó a los que hicieron las listas para la Biblioteca del Bicentenario y por otro lado su prosa es agradable y entretenida.

En sus obras también se encuentran historias del pasado, como la primera versión castellana de la descripción de Moxos que hace el jesuita Francisco Xabier Eder, acá se ve que Armentia era imparable.

Sus trabajos no podían pasar desapercibidos o inadvertidos para las comisiones que decidieron cuáles serían las obras que serían parte de la Biblioteca del Bicentenario.

– ¿Cuánto tiempo le tomó editar las obras?

A.E.- La edición de las obras tomó mucho tiempo porque fueron meses y meses de arduo trabajo, en total parece que llegan a las 600 páginas. Para hacer una buena edición de obras con estas características hay que hacerlo con mucho cuidado.

De hecho, pasó bastante tiempo después de que las entregué hasta que me llamaron y me dijeron que se iba a publicar. Como que ocurrieron cosas que ocasionaron que no haya un buen avance, pero con seguridad puedo decir que fue un largo trabajo.

– ¿Por qué cree que en la Iglesia existe desconocimiento de las figuras del pasado?

A.E.- Es que vivimos en un país sin memoria, una generación no se entera de lo que hizo la generación en el pasado y eso es un mal boliviano que no existe en otros países.

Quién conoce a Antonio Comajuncosa, el franciscano de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Entonces estamos ante una especie de hueco donde se hunden todas las cosas que se hicieron como si nunca hubiesen pasado, como si no hubiesen existido, pero tenemos que empezar a rescatar del olvido tantísimas personas, instituciones y momentos que fueron importantes en la historia de Bolivia.