HomilíasNOTICIASPascua

“¡Cristo ha resucitado!: la vida vence y la esperanza renace”, Mons. Dowlaszewicz

Prensa CEB 5.04.2026. En el Domingo de Resurrección, Mons. Stanislaw Dowlaszewicz, O.F.M. Conv., invitó a los fieles a redescubrir el núcleo de la fe cristiana: Cristo vive y su resurrección no es un recuerdo del pasado, sino una fuerza transformadora que interpela la vida concreta. En su homilía, llamó a pasar de una fe rutinaria a una experiencia viva que renueve el corazón, ilumine las dificultades y abra caminos de esperanza.

@conferencia.episcopal.bo

“¡𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨 𝐡𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐮𝐜𝐢𝐭𝐚𝐝𝐨!: 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐯𝐞𝐧𝐜𝐞 𝐲 𝐥𝐚 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚𝐧𝐳𝐚 𝐫𝐞𝐧𝐚𝐜𝐞”, 𝐌𝐨𝐧𝐬. 𝐃𝐨𝐰𝐥𝐚𝐬𝐳𝐞𝐰𝐢𝐜𝐳 FelizPascua IglesiaBolivia SantaCruz

♬ sonido original – Conferencia Episcopal Bolivia – Conferencia Episcopal Bolivia

La resurrección como centro vivo de la fe y victoria definitiva
La celebración pascual fue presentada como el corazón mismo de la fe, no como un simple recuerdo, sino como un acontecimiento vivo en el que Dios irrumpe con poder en la historia humana. En palabras del prelado, “no es solo un hecho del pasado, sino un evento salvador, una señal de la victoria de Dios y el fundamento de nuestra fe”, una afirmación que coloca la resurrección como el punto desde donde todo cobra sentido: la vida vence, la gracia se impone y la esperanza deja de ser un deseo para convertirse en certeza.

Del sepulcro a la esperanza: cuando Dios inicia lo nuevo en la oscuridad
En esa misma línea, la escena del sepulcro vacío fue descrita como un tránsito profundamente humano: de la oscuridad a la luz, del desconcierto a la fe. Cuando todo parece detenido, cuando el silencio pesa y la noche aún no se disipa, es precisamente ahí donde Dios comienza algo nuevo. Como lo expresó con fuerza, “todavía es de noche, todo parece estar perdido; sin embargo, es cuando comienza una nueva creación”, revelando que la acción de Dios no espera condiciones ideales, sino que brota en medio de la fragilidad.

Remover las piedras del corazón: el llamado a una conversión real
A partir de esta imagen, el mensaje se volvió cercano y desafiante, invitando a los fieles a mirar su propia vida y reconocer aquellas “piedras” que impiden ver la acción de Dios. No se trata de una idea abstracta, sino de realidades concretas: el pecado, el cansancio, las heridas o los hábitos que oscurecen el camino. Sin embargo, la Pascua irrumpe como una palabra definitiva que rompe todo determinismo, porque “ningún pecado tiene la última palabra, ninguna noche es definitiva”, abriendo así la posibilidad real de volver a empezar. Porque la Pascua no solo se celebra: se atraviesa, se vive y se decide.

El amor que corre: el testimonio vivo de los discípulos
El Evangelio también mostró el dinamismo del amor que no se queda inmóvil. María Magdalena, Pedro y Juan no caminan: corren. No esperan respuestas completas, pero se dejan mover por una certeza interior. Ese impulso es interpretado como signo de una fe viva, porque —como se destacó en la homilía— “ellos corren porque el amor no puede esperar”, y es precisamente ese amor el que permite reconocer la presencia de Dios incluso cuando aún no todo está claro.

Del bautismo a la vida nueva: una fe que se renueva cada día
En este horizonte, la resurrección dejó de ser un acontecimiento externo para revelarse como una experiencia que ya ha comenzado en la vida del creyente. El bautismo fue recordado como ese momento en el que cada cristiano ha sido introducido en este misterio, pues “fuimos sumergidos en la muerte de Cristo para resucitar con Él a una vida nueva”, una verdad que no pertenece al pasado, sino que exige ser vivida y renovada cada día.

“He visto al Resucitado”: la esperanza que se vuelve misión
Finalmente, la homilía abrió el horizonte hacia la misión, recordando que la Pascua no se guarda, se anuncia. La tumba vacía se convierte así en signo permanente de que el amor de Dios supera todo límite humano, porque “el amor es más fuerte que el pecado y la muerte”, y esa certeza impulsa a repetir, con la misma convicción de los primeros testigos: “He visto al Resucitado”, no como una frase lejana, sino como una experiencia que también hoy puede transformar la vida.

La comunidad manifestó que la Pascua es un camino de transformación real
La Santa Misa concluyó en un clima de profunda alegría pascual, cuando Mons. Stanislaw invitó al pueblo de Dios a expresar su júbilo por la resurrección de Cristo con aplausos y la entonación, a viva voz, del cántico “Él vive”. De este modo, la comunidad manifestó con entusiasmo que la Pascua no es solo una celebración litúrgica, sino un camino de transformación real: dejar atrás la oscuridad, permitir que Dios remueva las piedras del corazón y asumir una fe que se traduzca en vida nueva, esperanza concreta y testimonio cotidiano.

Papa León XVI: Saludo a toda la Iglesia de Santa Cruz”
En ese mismo espíritu de comunión eclesial, el Obispo Auxiliar compartió el saludo confiado por el Santo Padre León XIV al conocer que el pueblo de Santa Cruz ora por él, transmitiendo con cercanía sus palabras: “Saludo a toda la Iglesia de Santa Cruz…”, un gesto que fortaleció aún más el vínculo de fe y unidad en este tiempo de esperanza.

¡Cristo ha resucitado! entonces la esperanza no es una idea: es una vida que comienza hoy

Fuente: Arquidiócesis de Santa Cruz

Author

Canal de WhatsApp CEB