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ADSIS Bolivia un legado profundo de fe, fraternidad y servicio social

Prensa CEB 17.06.2026. “Y todo el que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o propiedades por causa de mi nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna”. Inspirados en esta promesa, un llamado de amor que solo los más valientes se atreven a asumir, los misioneros españoles de ADSIS en Bolivia recorren hoy los caminos de El Alto, una de las ciudades más alta del mundo, para construir en comunidad un legado profundo de fe, fraternidad y servicio social.

Fundada en noviembre de 2003 en el altiplano boliviano, a 4,100 metros de altura la comunidad de ADSIS en El Alto ha consolidado un profundo tejido de servicio y transformación social. Desde su presencia en la Parroquia de Santa Clara, la comunidad católica trabaja codo a codo con la población de Senkata y articula esfuerzos con estructuras civiles y diocesanas en las áreas clave de educación y salud.

Este compromiso cobra vida a través del Proyecto UTASA, un espacio integral que entrelaza el acompañamiento escolar, la animación socio comunitaria, el refuerzo nutricional y el acompañamiento técnico a emprendedores locales. En este mismo engranaje late el Centro Juvenil UTASA, un faro donde los adolescentes y jóvenes del sector se convierten en protagonistas y destinatarios de su propio tiempo libre. Todo este ecosistema solidario se enriquece, además, con un rasgo que define su identidad: el constante intercambio cultural con cooperantes internacionales que llegan para sumarse al latido y la labor de El Alto.

Cómo el conflicto en Bolivia paralizó el Centro UTASA

La hermana Nieves Gonzales, de la comunidad ADSIS y directora de UTASA, relata cronológicamente el impacto del conflicto social que paraliza a Bolivia en los servicios de la institución católica.
Para el área de refuerzo educativo, la crisis comenzó el lunes 11 de junio con una marcha convocada por el sector del magisterio. “Si los niños no asisten al colegio, es muy difícil que acudan al centro”, explica la directora. Aunque inicialmente se preveía un bloqueo de pocos días, la situación se agravó con paros de múltiples colectivos. Al estar ubicado en la zona de Senkata (a pocas cuadras del Puente Vela), el centro quedó incomunicado cuando la Avenida 6 de Marzo fue cortada totalmente desde las vías, impidiendo el paso de vehículos y la llegada del personal educativo. Ante la suspensión del comedor y la falta de empleo en la zona, UTASA volcó sus esfuerzos en apoyar a las familias más numerosas con la entrega de víveres secos.

Con el Centro Juvenil la situación fue distinta: los monitores de talleres son jóvenes del mismo sector que podían ir caminando, al igual que los adolescentes participantes. Incluso asistieron más personas, ansiosas por reencontrarse presencialmente con sus compañeros y amigos.
No fue sino hasta el lunes 15 de junio cuando logramos retomar con normalidad las clases y el servicio del comedor infantil. Mantenemos nuestra fe en Dios de que la situación continuará mejorando en los próximos días, trayendo paz y estabilidad a todas las familias de la comunidad.

Parroquia Santa Clara de Senkata un testimonio de fidelidad pastoral

Desde el inicio del conflicto social y los bloqueos que mantienen cercada a la ciudad de El Alto, la parroquia Santa Clara de Senkata ha tenido que adaptar su labor para no detenerse. Su párroco, el padre Alfonso López, (también de la comunidad ADSIS) destaca que se ha logrado garantizar la continuidad de las celebraciones dominicales en las capillas; ante la falta de transporte, tanto el diácono como el propio sacerdote realizan los recorridos a pie de una capilla a otra. En paralelo, los programas de catequesis de iniciación cristiana: bautismo, comunión y confirmación para niños, jóvenes y adultos se han mantenido sin interrupciones. La única alteración importante fue la suspensión de una celebración conjunta para adultos planificada para la zona; debido a la parálisis del transporte, se optó por descentralizar el encuentro y realizarlo de manera individual en cada una de las capillas.

Para contrarrestar el aislamiento, la parroquia ha priorizado la comunicación directa: de forma presencial durante las misas dominicales y mediante grupos de WhatsApp el resto de la semana. Esta red virtual ha permitido monitorear el estado de salud de los feligreses y canalizar ayuda para los más vulnerables.

En medio de esta coyuntura, se logró dictar un taller de proyecto de vida para estudiantes de quinto y sexto de secundaria; la capacitación constó de dos módulos virtuales y un encuentro de cierre presencial, aprovechando la transición de los colegios hacia la modalidad semipresencial.

Finalmente, el día a día de la comunidad parroquial no ha estado exento de las dificultades comunes de la población: el equipo pastoral, al igual que la mayoría de los vecinos, ha tenido que pasar los días en la búsqueda constante de alimentos básicos para el sustento diario, como pan y verduras.


Como último eslabón de esta cadena de solidaridad, la Cáritas parroquial ha activado una red de asistencia directa. Gracias a diversos subsidios y apoyos económicos recibidos, el equipo local localiza y contacta a las familias que atraviesan las situaciones más críticas para mitigar el impacto de la crisis mediante la entrega estratégica de alimentos secos.


La labor de la Iglesia no debe convertirse en un “museo del pasado”, sino transformarse en un “centro constante de envío misionero” que salga al encuentro de los sufrientes, los migrantes y los más desfavorecidos decía el Papa Francisco. ADSIS Bolivia recoge ese planteamiento y lo materializa con un notable compromiso hacia los alteños, actuando desde un corazón que late junto a la comunidad.

Fuente: Infodecom

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