Desde Mohosa, Monseñor Pascual hizo un llamado a abrir el hogar a los enviados de Dios
Prensa CEB 29.06.2026. Mons. Pascual Limachi, obispo de la Prelatura de Corocoro, llamó a abrir el corazón y el hogar a la Palabra de Dios acogiendo a los enviados del Señor, para dejar que Dios actúe con su amor, perdón y misericordia en la vida de las familias.
Desde la Parroquia Santiago de Mohosa, Mons. Pascual Limachi Ortiz compartió una profunda reflexión dominical en lengua aymara, dirigida de manera especial a las familias de la prelatura y del altiplano paceño. En su homilía, el obispo meditó sobre la Palabra de Dios proclamada este domingo, iluminando la vida cotidiana de las comunidades y animando a fortalecer la fe en medio de las dificultades.
Centralidad del amor, perdón y misericordia
Al iniciar su mensaje, el obispo destacó que la primera actitud del creyente es reconocer el amor de Dios, su disposición a perdonarnos y a mirarnos siempre con misericordia. Recordó que todos estamos llamados a practicar ese mismo amor y perdón en la vida diaria, especialmente en la familia, donde se comparten alegrías, cansancios y problemas.
La familia que acoge al profeta
Inspirado en el relato bíblico del profeta Eliseo, Mons. Pascual subrayó el gesto de aquella familia que lo recibió en su casa, le ofreció alimento, agua y hasta un lugar donde descansar, confiando en que al acoger al profeta también estaban acogiendo la presencia de Dios. Explicó que esa apertura no se limitó a una ayuda material, sino que se convirtió en un espacio para que Dios derrame su gracia sobre el hogar.
En esta línea, el obispo insistió: “Quien abre las puertas de su corazón y de su hogar a un profeta, abre también las puertas para que Dios actúe en su vida”, invitando a valorar y recibir a los servidores del Evangelio en las comunidades.
Jesús y la acogida a sus enviados
Comentando el Evangelio, Mons. Pascual recordó que Jesús se identifica con sus enviados y promete recompensa a quienes los acogen con sencillez, incluso en gestos tan simples como ofrecer un vaso de agua. Señaló que, al recibir a un sacerdote, un religioso o un agente de pastoral por amor a Dios, se está recibiendo al mismo Cristo y se abre la casa para su acción transformadora.
Finalmente, el obispo animó a las familias a vivir una fe concreta, que se exprese en gestos de hospitalidad, solidaridad y cuidado mutuo en la comunidad. Invitó a seguir confiando en el Señor, permitiendo que su Palabra en Aymara siga iluminando la vida, consolando el corazón y fortaleciendo el compromiso cristiano en la Prelatura de Corocoro.


