La Iglesia Católica en Bolivia mantiene viva la esperanza de un país reconciliado
Prensa CEB 16.06.2026. La Iglesia Católica en Bolivia se ha situado en el centro de los esfuerzos por la pacificación del país durante la reciente escalada de conflictividad social, asumiendo un rol de facilitadora del diálogo en defensa de la vida y la dignidad humana. A través de al menos trece pronunciamientos públicos –emitidos por la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), la Diócesis de El Alto y, en varios casos, de manera conjunta con la Defensoría del Pueblo y la organización de derechos humanos de El Alto– la Iglesia ha insistido en el cese de la violencia, la apertura de corredores humanitarios y la construcción de espacios de encuentro entre los distintos actores en conflicto.
Una intervención nacida de la escucha y la urgencia humanitaria
La intervención de la Iglesia es fruto de un proceso sostenido de acompañamiento, escucha y discernimiento en medio de una crisis marcada por bloqueos, enfrentamientos y un creciente malestar social. Desde la carta abierta de Mons. Giovani Arana, obispo de El Alto, pidiendo una “pausa humanitaria” ante la falta de alimentos, medicamentos y oxígeno en hospitales, hasta los encuentros “discretos” con dirigentes sociales y autoridades de Estado, la Iglesia optó por un rol de facilitadora y veedora, evitando protagonismo y priorizando la reconstrucción de confianza entre las partes.
En este camino, parroquias y espacios eclesiales se convirtieron en lugares de referencia para el encuentro y el diálogo. Una parroquia, en la ciudad de El Alto, fue escenario de reuniones entre representantes del Gobierno, juntas vecinales y organizaciones sociales, donde la presencia de la CEB, junto a la Defensoría del Pueblo y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de El Alto, aportó un clima de respeto, orden y búsqueda de acuerdos.
Comunicado tras comunicado, una ruta ética para la paz
En paralelo al trabajo de campo, los comunicados públicos de la CEB fueron marcando una ruta ética para una salida pacífica al conflicto. El pronunciamiento conjunto del 15 de mayo con la Defensoría del Pueblo expresó preocupación por el impacto humano, económico y social de los bloqueos, y subrayó la necesidad de proteger derechos esenciales como la salud, la alimentación, la integridad personal y la libre circulación. En ese texto se exhortó a los sectores movilizados a permitir corredores humanitarios y a las autoridades a promover espacios de diálogo efectivos, recordando que ninguna demanda legítima puede sostenerse sobre el sacrificio de la vida de los más vulnerables.
Otros pronunciamientos insistieron en que la paz no es la simple ausencia de conflictos, sino la capacidad de procesar las diferencias mediante el diálogo razonado, la escucha mutua y la búsqueda del bien común. La Iglesia recordó que las medidas de presión no pueden transformarse en instrumentos que vulneren derechos fundamentales, e invitó a la ciudadanía a mantener la serenidad y la solidaridad, llamando a cada persona a ser parte de las soluciones y no profundizar los problemas. De este modo, cada comunicado fue sumando un peldaño más en la conciencia pública sobre la urgencia de desescalar la confrontación. COMUNICADOS
Llamado firme a evitar la confrontación y cuidar el lenguaje
Los pronunciamientos conjuntos del 21 y 24 de mayo evidencian el esfuerzo de la Iglesia por desescalar el lenguaje y la confrontación política. En ellos, la CEB y la Defensoría del Pueblo llamaron a las autoridades del Estado a actuar con la máxima responsabilidad y prudencia en sus discursos, advirtiendo que las palabras pueden abrir puentes de acercamiento o levantar muros de hostilidad en una sociedad ya tensada por la polarización. La crítica a expresiones públicas que estigmatizan o descalifican a determinados sectores fue acompañada por el reconocimiento del gesto de las organizaciones sociales que, pese a su malestar, presentaron pliegos orientados a reabrir el diálogo.
Tras nuevas jornadas de alta conflictividad en la carretera La Paz–Oruro y en zonas de la ciudad de El Alto, la Iglesia reiteró su llamado al cese inmediato de toda acción violenta, exigiendo el esclarecimiento independiente y transparente de los hechos que dejaron personas heridas, un fallecido y múltiples denuncias de vulneraciones a los derechos humanos. Al mismo tiempo, anunció que continuaría promoviendo acercamientos con sectores movilizados y con las autoridades, insistiendo en que la prioridad ineludible del momento debía ser la protección de la vida, la integridad y la paz social de la población boliviana.
Transparencia frente a rumores y reafirmación del servicio a la paz
Incluso frente a rumores y expectativas desbordadas sobre eventuales diálogos impulsados por la Iglesia, la CEB mantuvo una línea de transparencia y responsabilidad. Ante versiones que circulaban en redes sociales sobre una supuesta convocatoria a un diálogo nacional bajo su organización, la Iglesia aclaró públicamente que no existía, en ese momento, ningún acuerdo formal en tal sentido, evitando así generar falsas expectativas o mayor confusión en la ciudadanía. Esa aclaración no significó un repliegue, sino la reafirmación de su permanente disposición a contribuir a la construcción de la paz, el diálogo sincero y la reconciliación entre los bolivianos, pero siempre desde la claridad y la verdad.
En el mismo comunicado, la Iglesia invitó a la población a no difundir información no verificada que pueda aumentar la tensión en un contexto ya delicado, y reiteró su llamado a todos los actores sociales, políticos e institucionales a deponer actitudes de confrontación y priorizar el bien común. La referencia explícita a la oración por Bolivia y por las familias que sufren las consecuencias de la conflictividad recordó que, más allá de las gestiones políticas y técnicas, la comunidad creyente acompaña este proceso desde la fe, confiando la historia del país a Dios y a la intercesión de la Virgen María.
Así mismo en fecha 10 de junio se emitió una nota aclaratoria, sobre las declaraciones emitidas durante el cabildo realizado en la plaza San Francisco de la ciudad de La Paz, convocado por el denominado “comité multisectorial”, la Conferencia Episcopal Boliviana considera necesario realizar una aclaración para evitar confusión entre los fieles y la opinión pública, pues un supuesto “obispo” habló a nombre de la Iglesia Católica con declaraciones desafortunadas que no marcan ni representan a la posición de la CEB.
Un servicio persistente de puente y reconciliación
En conjunto, las reuniones previas y los trece pronunciamientos emitidos durante estas semanas muestran a una Iglesia que, ha optado por mantenerse como un puente entre posiciones enfrentadas. Su presencia en las reuniones de alto nivel convocadas por la Vicepresidencia, junto a autoridades nacionales, representantes de organizaciones sociales, defensores de derechos humanos y parlamentarios, además de la constante búsqueda de diálogo con las organizaciones sociales, muestra, una vez más, el reconocimiento de su papel como actor capaz de convocar al diálogo y ofrecer garantías mínimas de imparcialidad.
Sumado a ello, la Iglesia Católica en Bolivia, por medio de Mons. Giovani Arana, obispo de El Alto y secretario general de la CEB, y de P. Diego Plá Aranda, secretario general adjunto de la CEB, han atendido innumerables entrevistas y aclarado dudas en diversos programas de medios de comunicación de todo el país, con el fin de dar a conocer la posición de mediación de la Iglesia y su acompañamiento cercano al pueblo de Dios. Del mismo modo, desde las distintas jurisdicciones eclesiásticas, los Obispos, como Pastores de la Iglesia Católica en Bolivia, han ofrecido declaraciones a la prensa y, en sus homilías dominicales, han insistido de manera perseverante en el llamado al diálogo y a la concertación en este momento particularmente difícil que vive el país.
Aunque muchas convocatorias a mesas de diálogo no llegaron a concretarse en La Paz y El Alto, por la ausencia de algunos actores clave, la Iglesia decide perseverar en su servicio de facilitación, manteniendo canales abiertos con todas las partes y recordando públicamente que es difícil construir acuerdos si una de las partes no está dispuesta a sentarse en la misma mesa.
Por otro lado, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de todas las jurisdicciones eclesiásticas del país continúan elevando de manera constante su oración por la paz en Bolivia, sosteniendo vigilias, celebraciones eucarísticas, rezo del rosario y sencillos gestos de fraternidad cotidiana, para pedir al Señor el don de la reconciliación y la serenidad para todo el pueblo boliviano.
Hoy, tras más de cuarenta días de bloqueo, y el evidente cansancio de la población boliviana, en medio del dolor y la incertidumbre, la Iglesia insiste en ser una voz de esperanza y sigue llamando a transformar la confrontación en encuentro, y el miedo en compromiso activo por la paz. El último comunicado emitido junto a la Defensoría del Pueblo invita a las organizaciones sociales a un “Pacto Social por la Paz y Reconciliación”, al que se espera puedan acudir sus principales dirigentes, y pronto, se pueda dar certidumbre a la población.


