Mons. Giovani Arana: “Una Bolivia reconciliada es posible”
Prensa CEB 28.06.2026. Monseñor Giovani Arana, obispo de El Alto y secretario general de la Conferencia Episcopal Boliviana, presidió este domingo la misa celebrada en la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles, en La Paz, en su reflexión se centró en un llamado a la reconciliación nacional, la solidaridad y el diálogo como caminos urgentes para sanar las heridas del país.
Durante su mensaje, el prelado recordó los momentos difíciles vividos por Bolivia en las últimas semanas debido a los bloqueos y la conflictividad social, que dejaron familias afectadas, enfermos sin atención oportuna, niños sin clases presenciales, trabajadores impedidos de cumplir sus labores y pérdidas humanas que, señaló, no debieron ocurrir.
Mons. Arana planteó preguntas directas a la conciencia nacional sobre si valió la pena tanto sufrimiento y llamó a no repetir los ciclos de enfrentamiento. Sostuvo que ninguna causa justa puede construirse sobre el desprecio de la vida humana y advirtió que cuando el dolor de los más débiles se usa como instrumento de presión, toda la sociedad pierde humanidad.



En su reflexión bíblica, el obispo destacó el pasaje de la mujer de Sunam, que abrió su casa al profeta Eliseo, como símbolo de hospitalidad y apertura a Dios. A partir de ese ejemplo, exhortó a “hacer espacio para Dios” en la familia, las instituciones, la política, la economía y los medios de comunicación, convencido de que allí donde Dios tiene lugar también crecen el respeto y la fraternidad.
Asimismo, invitó a los creyentes a sanar los corazones, no alimentar el resentimiento, practicar la solidaridad con los sectores más golpeados por la crisis, promover un diálogo sincero y rezar por Bolivia. “No podemos vivir permanentemente instalados en el pesimismo”, expresó, al resaltar también el esfuerzo de millones de bolivianos honestos que sostienen el país con su trabajo diario.
Monseñor Arana concluyó pidiendo sabiduría, humildad, valentía y esperanza para construir una Bolivia reconciliada, y encomendó al país a la protección de la Virgen María y a Cristo, “príncipe de la paz”.





