Solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo: Nuncio Apostólico en Bolivia celebra el Día del Papa con un llamado a la fraternidad
Prensa CEB 2026.06.29 La Iglesia en Bolivia celebró este lunes la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo y el tradicional Día del Papa con una misa que se celebró en la Catedral Nuestra Señora de La Paz, que fue presidida por Mons. Fermín Sosa, Nuncio Apostólico en Bolivia, quien hizo un llamado a la unidad y recordó la urgencia de construir puentes en tiempos de división.
Cada 29 de junio, la Iglesia Católica celebra la solemnidad de San Pedro y San Pablo, considerados las dos columnas fundamentales de la fe cristiana, pero además esta fecha adquiere un significado especial al ser el llamado Día del Papa, una jornada que honra al sucesor de Pedro como signo visible de unidad dentro de la Iglesia universal.




“Hoy dedicamos este día para celebrar también la figura del Papa como sucesor de los apóstoles y Vicario de Cristo”, expresó monseñor Sosa al inicio de su homilía y recordó que esta solemnidad no es un simple recuerdo histórico, sino un encuentro vivo con aquellos hombres que, llamados por Jesús, transformaron el rumbo de la humanidad con su testimonio.
La fuerza de la fe en medio de la debilidad
Al profundizar las lecturas proclamadas, el Nuncio Apostólico puso especial énfasis en la paradoja del cristianismo: cuando el ser humano parece más débil, es cuando la fuerza de Dios se manifiesta con mayor claridad. Recordó la escena de Pedro encarcelado mientras la comunidad oraba insistentemente por él, señalando que la misión de la Iglesia no se sostiene por estrategias humanas ni poder temporal, sino por la comunión y la oración.
“La fe no elimina las pruebas, pero nos hace saber que Dios está actuando”, afirmó y presentó a Pablo como el hombre que, al final de su vida, podía proclamar con certeza: “He peleado el buen combate, he mantenido la fe”, dejando como enseñanza que la fidelidad diaria vale más que cualquier éxito visible.






Bolivia, llamada a vivir la diversidad como riqueza
En su homilía también se refirió a la realidad nacional y vinculó la enseñanza de Pedro y Pablo con la situación social de Bolivia.
“No se debería permitir que por intereses particulares se utilicen estas diferencias para dividir a una comunidad”, advirtió y subrayó que las diferencias no hacen enemigos, sino que complementan la vida de una nación cuando se viven bajo el horizonte de Dios.
Su mensaje resonó con fuerza entre los presentes al insistir en que la dignidad humana está por encima de cualquier interés político, económico o social, y que esa verdad debe convertirse en base para toda convivencia. La unidad, explicó, no significa uniformidad, sino la capacidad de construir una civilización del amor donde cada persona aporte lo mejor de sí.


