Mons. Herbas: La mayor petición a Dios es un corazón sabio y el don del discernimiento para vivir según el proyecto de Dios
La necesidad de pedir a Dios un corazón sabio y el don del discernimiento para elegir siempre el bien fue el mensaje central que compartió este domingo monseñor Jorge Herbas, obispo de la Prelatura de Aiquile, durante la celebración de la Eucaristía dominical, en la que invitó a los fieles a mirar más allá de las necesidades materiales y descubrir que la verdadera riqueza consiste en la capacidad de distinguir el bien del mal, viviendo con rectitud y orientando cada decisión hacia aquello que conduce a una vida plena según el proyecto de Dios.
En el contexto del Evangelio de este domingo, la Iglesia recordó que el Reino de Dios constituye el mayor tesoro que una persona puede encontrar, una riqueza que supera cualquier bien material porque transforma el corazón y orienta la existencia hacia el bien. La liturgia también presentó la figura del rey Salomón, quien, lejos de pedir poder, riqueza o una vida sin dificultades, suplicó a Dios el don de la sabiduría para gobernar con justicia y discernir correctamente.
“¿Qué le pediríamos a Dios si nos dice: ‘Pídeme lo que quieras’?”, planteó Monseñor Herbas al iniciar su reflexión. “En nuestra mente seguramente hay muchas necesidades, dificultades, problemas, pensar en cosas materiales también. Sin embargo, Salomón pide algo que ni Dios se esperaba: ‘Concédeme entonces, a tu servidor, un corazón comprensivo para discernir entre el bien y el mal’”. A partir de este pasaje bíblico, el Obispo destacó que la mayor gracia que puede recibir una persona no es la solución inmediata de sus problemas, sino la sabiduría necesaria para tomar decisiones justas y elegir siempre aquello que la acerca a Dios.
Profundizando en esta enseñanza, afirmó que el discernimiento constituye una herramienta indispensable para enfrentar los desafíos cotidianos y vivir con auténtica libertad. “Cuán importante es juzgar con rectitud, pedir a Dios un corazón sabio, pedir a Dios el don del discernimiento para poder elegir siempre aquello que más nos conviene”, expresó.
Además, recordó que la vida terrena es una oportunidad para hacer el bien y dejar una huella positiva en los demás. En ese sentido, invitó a valorar el legado de quienes precedieron a las nuevas generaciones, rescatando de ellos virtudes como la caridad, la solidaridad, la generosidad y el espíritu de sacrificio. “Tenemos que aprender de nuestro pasado, por supuesto que sí, no todo es malo”, concluyó y alentó a convertir esos valores en el fundamento de una sociedad más humana, fraterna y comprometida con el bien común.


