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Sembradores de la Palabra: el llamado del P. Noé a los catequistas de Bolivia

PRENSACEB 2026.07.24:El mensaje central de la homilía es que el catequista está llamado a ser sembrador paciente de la Palabra, formando comunidades vivas de fe en medio de una cultura marcada por la rapidez y los cambios acelerados.

En el Encuentro Zonal de Catequistas de Bolivia, el P. Noé, del Vicariato Apostólico de Camiri, animó a los participantes a recuperar la paciencia del sembrador del Evangelio frente a la cultura de los resultados inmediatos, y a renovar su misión de crear comunidades donde la Palabra de Dios pueda dar frutos abundantes.

Tomando como referencia la Parábola del Sembrador, el P. Noé recordó que Jesús no habla de un cosechador, sino de quien prepara la tierra con tiempo y dedicación. “La siembra requiere procesos: preparar la tierra, abonar, regar, sacar las espinas y las piedras, y eso toma tiempo”, señaló en su homilía dirigida a los catequistas reunidos en el encuentro zonal.

Frente a estos desafíos, el P. Noé presentó la Palabra de Dios como ancla firme en medio del “río” de cambios vertiginosos, capaz de dar paciencia, calma y serenidad. Para ello, insistió en tres actitudes esenciales para el catequista: escuchar la Palabra, comprenderla y, desde allí, dejar que dé frutos en la vida. Este camino fue asociado con la metodología sinodal de la “conversación en el Espíritu Santo”: escuchar a Dios en la Escritura, en los signos de los tiempos y en la voz de los hermanos, para discernir en comunidad.

“El discernimiento comunitario nos ayuda a evitar que la semilla caiga en terrenos estériles”, subrayó el sacerdote, recordando que cuando la Palabra no es comprendida, puede ser robada por el maligno. En cambio, cuando se acoge y se entiende, nace la alegría y el entusiasmo, como en los discípulos de Emaús, aunque advirtió sobre el riesgo de vivir esa alegría de manera aislada o reducirla a emociones pasajeras, así como sobre las preocupaciones, la ansiedad y el estrés que pueden apagar la semilla sembrada en el corazón.

P. Noé alentó a los catequistas a crear comunidades con los niños, jóvenes y padres de familia, de modo que, una vez terminada la catequesis y recibidos los sacramentos, las personas puedan permanecer en grupos de vida cristiana para seguir madurando su fe. “La Palabra de Dios tiene el poder de transformarnos en hijos de Dios y hacernos hermanos en una comunidad”, afirmó, señalando que ese es el fruto que el Señor espera: que la semilla no caiga en saco roto, sino que produzca cien, sesenta o treinta por uno.

Al concluir, el P. Noé invitó a los participantes del Encuentro Zonal de Catequistas de Bolivia a renovar su vocación de sembradores pacientes, capaces de acompañar procesos y sostener pequeñas comunidades de fe, testimoniando la Palabra escuchada, comprendida y vivida en la Iglesia, en fraternidad y en clave de sinodalidad.

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