Sembrando esperanza en la Amazonía beniana
Los primeros participantes comenzaron a llegar a la sede de la Pastoral Social Cáritas Beni. Venían de comunidades dispersas en la vasta geografía amazónica: Bella Selva, Nuevo Horizonte, Estrella de Belén, Nueva Alianza y Primavera. Algunos habían recorrido horas en caminos polvorientos; convocados a compartir herramientas para defender sus derechos y su territorio.
Los días 25 y 26 de junio, Trinidad fue el lugar que acogió el taller de réplica de la Escuela de Derechos Humanos y Ecología Integral, una iniciativa impulsada por la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) Bolivia en coordinación con la Pastoral Social Cáritas Beni. La actividad reunió a 35 líderes y liderezas de cinco comunidades amazónicas, junto a 12 representantes del histórico Cabildo Indigenal de Trinidad, que suma más de tres siglos de organización y resistencia.
Una escuela que nace del territorio
La Escuela de Promoción, Defensa y Exigibilidad de los Derechos Humanos es una iniciativa de la REPAM que reúne a líderes de pueblos indígenas y comunidades tradicionales de la Panamazonía. Su principal objetivo es proporcionar herramientas que permitan formalizar denuncias de violaciones de derechos humanos ocurridas en el territorio amazónico. La REPAM, por su parte, es un organismo eclesial nacido en 2014 como resultado del camino recorrido por la Iglesia Católica en la Amazonía, en respuesta a las graves preocupaciones del Papa Francisco y la Iglesia Latinoamericana sobre las «profundas heridas que la Amazonía y sus pueblos soportan».
La primera escuela se realizó en 2016 en Ecuador; la segunda en 2018, en Perú; y la tercera en 2022, en Brasil. La cuarta edición se desarrolló en agosto de 2025 en Santa Cruz, Bolivia, reuniendo a 24 participantes de Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Desde su creación, la Escuela ha sido un espacio eclesial que se construye desde el territorio, articulando mística, formación técnica, documentación de casos, reflexión espiritual y experiencias culturales.
La metodología de la Escuela es itinerante y participativa. En ella participan duplas conformadas por un agente pastoral y una lideresa o líder comunitario, quienes llevan consigo un caso de vulneración de derechos humanos. Durante un mes de formación, se capacitan en derechos individuales y colectivos, aprenden a documentar sus casos y desarrollan estrategias de incidencia en el Sistema Interamericano y Universal de Derechos Humanos. Al finalizar el proceso, regresan a sus territorios para replicar lo aprendido, bajo el acompañamiento del Núcleo de Derechos Humanos de la REPAM. Los resultados de cada edición se reflejan en los Informes Regionales Panamazónicos de Vulneración de Derechos Humanos, que documentan los casos con propuestas políticas para la incidencia internacional.
El taller de Trinidad fue precisamente una de esas réplicas, Ana Yery Díez, quien participó en la IV Escuela de Derechos Humanos de la REPAM en Santa Cruz fue una de las facilitadoras. Su formación y experiencia le permitieron organizar y guiar a las comunidades benianas en un proceso similar de diagnóstico, análisis y construcción de un plan de acción.
Un contexto adverso
El taller se realizó en un momento particularmente complejo para Bolivia. El país había atravesado más de 50 días de bloqueos y cierres de vías, producto de un profundo conflicto político y social. Las carreteras estuvieron intransitables, el transporte paralizado, y la movilidad reducida a su mínima expresión. Sin embargo, las comunidades demostraron que la esperanza es más fuerte que cualquier barrera.
Una metodología que parte de la vida
El taller fue facilitado por Ana Yery Díez, estudiante de la IV Escuela de Derechos Humanos de la REPAM, quien compartió su experiencia y conocimientos junto a Willy Llanque, de REPAM Bolivia, y Alba Gutiérrez, de la Universidad Católica Boliviana. La metodología, inspirada en el enfoque de Ecología Integral —que reconoce la profunda conexión entre los derechos humanos y el cuidado de la Casa Común—, permitió que los participantes partieran de su propia realidad cotidiana para analizar las vulneraciones que enfrentan.
El primer día, las dinámicas de presentación rompieron el hielo. Luego, el diagnóstico participativo puso sobre la mesa las problemáticas más sentidas. Una por una, las comunidades fueron compartiendo sus experiencias. No hubo necesidad de mapas ni estadísticas; la realidad estaba grabada en sus rostros y en sus relatos.
Cinco heridas abiertas en el territorio
El diagnóstico reveló cinco problemáticas que atraviesan la vida de estas comunidades amazónicas.
La primera y más urgente es el acceso al agua. Las comunidades denunciaron la falta de agua potable y la contaminación de fuentes hídricas.
La segunda problemática es la educación. Comunidades como Nuevo Horizonte y Estrella de Belén viven sin escuelas o con infraestructura precaria y sin docentes suficientes.
El tercer problema son los caminos. Los participantes de Nueva Alianza y Primavera señalaron el aislamiento que sufren en épocas de lluvia, cuando los caminos se vuelven intransitables.
La violencia intrafamiliar fue la cuarta problemática identificada, especialmente en Estrella de Belén y Bella Selva. Manifestado por las lideresas de Estrella de Belén.
Finalmente, todas las comunidades coincidieron en la falta de infraestructura básica: centros de salud, energía eléctrica y vivienda digna.
De la denuncia a la acción
Pero el taller no se quedó en el diagnóstico. Los participantes analizaron las consecuencias de cada vulneración: enfermedades, migración forzada, desintegración familiar, pérdida de vidas. Luego profundizaron en las causas: ausencia estatal, corrupción, abandono de políticas públicas, machismo cultural.
Identificaron también los espacios de decisión donde pueden incidir: el Gobierno Municipal, la Gobernación del Beni, el Ministerio de Medio Ambiente y Agua, la Defensoría del Pueblo, y los organismos internacionales. Y reconocieron sus propias fortalezas: una organización comunitaria, el apoyo del Cabildo Indigenal, el acompañamiento de la Iglesia a través Cáritas Beni, y una identidad cultural que se niega a desaparecer.
Con esas herramientas, elaboraron un plan de acción. Cinco líneas estratégicas: acceso al agua, educación, caminos, prevención de la violencia intrafamiliar e infraestructura. Cada línea incluye actividades específicas, responsables y plazos. Desde la presentación de proyectos ante el municipio; solicitar escuelas y docentes hasta organizar protestas comunitarias para ser escuchados.
Voces de esperanza
Los testimonios de los participantes reflejan lo vivido en el taller. Una lideresa de Estrella de Belén agregó: «La violencia intrafamiliar es un tema que no se hablaba. Ahora sabemos que también es una violación de derechos y que podemos hacer algo«.
El representante del Cabildo Indigenal de Trinidad, con la autoridad que le otorgan más de 300 años de historia institucional, declaró: «El Cabildo Indigenal tiene más de 300 años de historia, pero este taller nos ha dado nuevas fuerzas. «.
Y un participante de Nuevos Horizontes cerró con un compromiso: «El plan de acción que hemos elaborado es nuestro compromiso. Cada uno de nosotros va a trabajar en su comunidad para que estos sueños se hagan realidad«.
El camino continúa
El proceso formativo no termina aquí. El segundo taller está programado para realizarse en Rurrenabaque, en coordinación con la Pastoral Social Cáritas Reyes y la CONTIOCAP.
REPAM Bolivia agradece a la Pastoral Social Cáritas Beni por su acogida, al Cabildo Indigenal de Trinidad por su liderazgo histórico, a la Conferencia Episcopal Boliviana por su acompañamiento comunicacional, y especialmente a los 35 participantes por su trabajo.
REPAM BOLIVIA


