Comisión Episcopal de Prevención y Cultura del CuidadoNOTICIAS

Mons. Eugenio Coter: «La justicia debe ser terapéutica y purificadora”

Prensa CEB 22.08.2026. En el marco del segundo y último día del Primer Simposio de la Especialidad en Investigación de los Delitos contra Niña, Niño y Adolescente en Ambientes Eclesiales, Monseñor Eugenio Coter, Obispo de Pando y presidente de la Comisión de Prevención y Cultura del Cuidado de la Conferencia Episcopal de Bolivia, compartió su reflexión enmarcada en la justicia y la esperanza.

Durante su homilía, el prelado abordó una interrogante: ¿Por qué existe el mal en la Iglesia y en el mundo?, en este sentido destacó la necesidad imperativa de un proceso de purificación, sin perder de vista que el juicio definitivo pertenece a Dios.

El misterio de la libertad y el rechazo a la violencia

Reflexionando sobre la presencia del mal, el Obispo explicó que Dios creó al ser humano con la libertad absoluta de elegir entre el bien y el mal. «Es el único aspecto del cual, desde la creación, Dios dijo que era algo muy bueno», señaló, subrayando que quitarle esa libertad al hombre significaría arrebatarle su capacidad de amar. El amor, enfatizó, nace de la libertad de acoger o no acoger al otro.

Sin embargo, advirtió que la lucha contra el mal no debe librarse con las armas del mundo. Recordó el pasaje bíblico en el que Pedro intentó defender a Jesús en el huerto de los olivos cortando la oreja de un siervo. «Jesús lo desarma y le dice: no, la lucha contra el mal no la hacemos con la espada», relató Mons. Coter. Este principio, aseguró, debe guiar a la Iglesia en su búsqueda de justicia.

Una justicia humana que sana, no que venga

En el contexto del simposio dedicado a la investigación de delitos en ambientes eclesiales, las palabras de Mons. Coter sobre la justicia resonaron con especial fuerza. Aclaró que la justicia que la Iglesia debe buscar no es una mera balanza punitiva ni un acto de venganza, sino una justicia terapéutica.

“Reponer la justicia por reponer la humanidad de la Iglesia y reponer la humanidad herida de las víctimas. Ser terapéuticos también con la humanidad de los que actúan y han hecho el mal. Una justicia que no es venganza, una justicia que es purificación”.

El prelado invitó a los presentes a mirar el proceso como una catarsis necesaria para curar las heridas, recordando que en la Iglesia conviven «el trigo y la cizaña», y que, aunque el camino de purificación requiere el esfuerzo humano, «la cosecha la hacen los ángeles de Dios».

El rol de María y la Iglesia frente a la crisis

Mons. Coter utilizó las figuras bíblicas de Isabel y María para ilustrar el papel de la Iglesia hoy. Así como Isabel, a pesar de su ancianidad y esterilidad, generó vida por la voluntad de Dios, la Iglesia sigue siendo un instrumento para engendrar «hijos de Dios». María, descrita como «la mujer del Espíritu», representa a aquella que sale al encuentro de su comunidad.

El Obispo trazó un paralelismo entre la crisis actual y el Cenáculo después de la crucifixión, un momento de extrema bajeza y cobardía para los apóstoles, marcados por la traición y la negación. En ese escenario, María es quien mantiene unida a la comunidad frágil, sosteniendo la esperanza. «Es María quien los mantiene unidos ahí, y será capaz probablemente, con palabras de esperanza, de hacerles entender que no puede acabar todo en esto», reflexionó.

Un llamado a la esperanza y la colaboración

Frente al desánimo que causan los escándalos y el abandono de la fe por parte de algunos fieles, Mons. Coter hizo un llamado a la resiliencia y a una «mirada mística». Recordó que la promesa evangélica asegura que «la fuerza del mal luchará contra ella, pero no podrán» vencerla.

«Al fin y al cabo, somos colaboradores, pero es de Dios, no es nuestra la obra», concluyó, instando a la Iglesia a acompañar y curar a un «Cristo azotado, herido y maltratado» presente en las víctimas, y a entregar finalmente todo en manos de Dios sin dejar que el corazón se llene de rencor.

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