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La Patrona de Santa Rosa del Sara fue recordada como mujer de oración, sacrificio, servicio y profundo amor a la Iglesia

Prensa CEB 3.09.2026. La comunidad católica del municipio de Santa Rosa del Sara rindió homenaje a su Patrona, Santa Rosa, con la celebración de una Solemne Eucaristía presidida por Monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo Emérito de Santa Cruz y concelebrada por el Padre José Negueruela García, Párroco de la Parroquia Santa Rosa del Sara, el pasado domingo 30 de agosto.

Durante su homilía, Monseñor Sergio realizó un recorrido por la vida de Santa Rosa, resaltando los aspectos que hicieron de su existencia un testimonio de santidad y entrega a Dios.

𝐄𝐥 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐝𝐞 𝐑𝐨𝐬𝐚

“Santa Rosa nació en el año 1.586, en una familia numerosa. Fue su nodriza quien, admirada por su belleza, comenzó a llamarla Rosa. Con el paso del tiempo, aquel nombre quedó unido a una de las mujeres más importantes de la historia de la Iglesia en América”, afirmó Gualberti.

El Arzobispo Emérito destacó que Santa Rosa fue una mujer laica y no una religiosa. Siendo muy joven decidió consagrarse al Señor como terciaria de la Orden de Santo Domingo, asumiendo una vida de profunda espiritualidad y vistiendo túnica blanca y manto negro.

“Su camino espiritual estuvo marcado por una vida de eremita en su propia casa. Allí practicó la oración, la penitencia y la pobreza, mientras destinaba sus sacrificios y esfuerzos a ayudar a los pobres”, expresó Monseñor Sergio.

Monseñor Gualberti resaltó además que su espiritualidad estuvo acompañada de una profunda humildad. Durante los tres últimos años de su vida, Santa Rosa se dedicó al servicio del hogar de un empleado del gobierno, cuya esposa le tenía mucho cariño.

𝐀𝐦𝐨𝐫 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚

Su amor por la Iglesia y por su pueblo también fue destacado por Monseñor Sergio. “Ante la amenaza representada por el pirata holandés Spilbergen, Santa Rosa acudió a la Iglesia de Santo Domingo para orar y animó a los habitantes a defender la ciudad”.

𝐒𝐚𝐧𝐭𝐚 𝐑𝐨𝐬𝐚 – 𝐒𝐚𝐧𝐭𝐚 𝐏𝐚𝐭𝐫𝐨𝐧𝐚

Santa Rosa murió el 24 de agosto de 1.617, a los 31 años, pronunciando una de las expresiones más recordadas de su vida: “Jesús, Jesús sea conmigo”. Murió serenamente en brazos de quienes la acompañaban.

Su fama de santidad fue inmediata y extraordinaria. Antes de su canonización, fue proclamada excepcionalmente Patrona del Perú, de América Latina y de Filipinas. Posteriormente, el Papa Clemente X la canonizó.

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