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Mons. Eugenio Coter: “No evitamos el mal solo indicando el mal; lo evitamos proponiendo el bien”

Prensa CEB Cochabamba 11 de septiembre de 2026.– En la homilía celebrada este jueves, Monseñor Eugenio Coter invitó a renovar el compromiso de la Iglesia con la prevención, el acompañamiento y la esperanza, especialmente ante las situaciones de sufrimiento y fragilidad que atraviesan muchas personas.

Al reflexionar sobre el método preventivo de san Juan Bosco, el Obispo destacó que educar y acompañar no consiste únicamente en señalar aquello que está mal, sino en ayudar a descubrir y cultivar el bien que Dios ha sembrado en cada corazón.

“No evitamos el mal solo indicando el mal; evitamos el mal proponiendo el bien”, afirmó monseñor Coter, al señalar que esta debe ser una tarea permanente de quienes sirven en la Iglesia.

El acompañamiento que previene el sufrimiento

Monseñor Coter recordó que Don Bosco desarrolló su misión entre jóvenes que, en medio de una ciudad industrial en crecimiento, vivían condiciones de abandono, pobreza y falta de oportunidades. Ante esa realidad, el santo salesiano promovió los oratorios como espacios de oración, formación, trabajo y cercanía humana.

Explicó que el método preventivo se funda en una presencia activa y responsable: estar cerca de los jóvenes, acompañarlos en sus procesos y prevenir las circunstancias que pueden llevarlos a perder el rumbo.

“Educar en la Iglesia misma es abrir el corazón para que recoja lo positivo que Dios ha puesto en él y no deje que las circunstancias de la vida se lo vayan robando”, expresó.

Asimismo, reconoció que muchas historias personales están marcadas por experiencias dolorosas y contextos profundamente difíciles. Por ello, remarcó que el servicio pastoral debe orientarse a evitar nuevos sufrimientos y a transformar, paso a paso, las condiciones que no responden al ideal de dignidad que Dios quiere para cada persona.

Mirar la fragilidad con esperanza

En otro momento de su reflexión, Monseñor Coter se refirió a la necesidad de acompañar las fragilidades humanas presentes también en la vida eclesial, sin caer en juicios sobre las personas.

Recordó que Jesús no llamó a hombres perfectos para formar parte de su Iglesia. Al mencionar las figuras de Judas y Pedro, subrayó que la debilidad humana forma parte del camino eclesial, pero no anula la acción salvadora de Dios.

“Juzgaremos el hecho, pero no la persona”, señaló, exhortando a aprender a reconocer situaciones equivocadas sin reducir a nadie a sus errores o a las circunstancias dolorosas de su historia.

El Obispo invitó a mantener una mirada iluminada por la gracia y la esperanza, convencidos de que, incluso allí donde se encuentra el sufrimiento y la fragilidad, Dios continúa escribiendo una historia de salvación.

Cuidar también a quienes acompañan

Monseñor Eugenio destacó que quienes realizan tareas de prevención, ayuda y acompañamiento necesitan, a su vez, espacios de confrontación, escucha y cuidado espiritual.

En ese sentido, animó a buscar personas de confianza con quienes compartir los desafíos que surgen en el servicio pastoral: un acompañante espiritual, un consejero o alguien con quien discernir y procesar las situaciones complejas que se encuentran en el camino.

“Busquen a alguien con quien verificar el trabajo, con quien confrontarse y con el cual también ayudarse a digerir ciertas historias y situaciones”, recomendó.

La homilía concluyó con una invitación a mirar la realidad con los ojos de Jesús: sin permitir que el mal endurezca el corazón, sino dejando que toda situación sea iluminada por la gracia de Dios. De esta manera, señaló monseñor Coter, será posible servir con alegría al Reino de Dios y a la Iglesia de Cristo

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