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Mons. Juan Gómez llama a vivir una fe coherente, sin excusas ni individualismo, y a reconocer que los bienes recibidos deben ponerse al servicio de los demás.

En la celebración eucarística de este domingo 11 de octubre, en la Catedral de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, Mons. Juan Gómez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santa Cruz, invitó a los fieles a renovar su esperanza y asumir con responsabilidad su seguimiento de Jesús. A partir de las lecturas del XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, el prelado reflexionó sobre la invitación de Dios al banquete del Reino y la necesidad de responder a ella con una fe comprometida con la vida cotidiana. «Mirar hacia adelante con esperanza, no con miedo ni con frustraciones», exhortó, destacando que la Palabra de Dios alienta a superar el sufrimiento y afrontar las dificultades sin apartarse del Señor.

𝐔𝐧𝐚 𝐬𝐨𝐜𝐢𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐭𝐞𝐧𝐭𝐚𝐝𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐢𝐧𝐝𝐢𝐯𝐢𝐝𝐮𝐚𝐥𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐫𝐞𝐜𝐮𝐩𝐞𝐫𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐠𝐫𝐚𝐭𝐢𝐭𝐮𝐝 𝐲 𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐥𝐢𝐝𝐚𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝

Al reflexionar sobre las lecturas de Isaías 25,6-10 y Filipenses 4,12-14, el Obispo Auxiliar recordó que Dios ofrece esperanza incluso a quienes han atravesado situaciones de sufrimiento y despojo. A partir de la experiencia de San Pablo, llamó a aprender a vivir tanto en la abundancia como en la escasez, sin permitir que las circunstancias materiales condicionen la fidelidad al Evangelio. También evocó a san Francisco, quien eligió el camino de la pobreza y la sencillez, para cuestionar la tendencia a considerar los bienes únicamente como conquistas individuales. «Todo lo que hay en esta vida y todo lo que somos nosotros somos simples administradores, somos los administradores de los bienes del Señor aquí en la tierra» , afirmó Mons. Gómez, invitando a reconocer que los recursos y las responsabilidades recibidos deben traducirse en gratitud, servicio y solidaridad con los demás.

𝐋𝐚 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐭𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐞𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐧𝐨 𝐚𝐝𝐦𝐢𝐭𝐞 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚

A partir de la parábola del banquete de bodas, relatada en Mateo 22,1-14, el prelado subrayó que la invitación de Dios está abierta a todos, sin exclusiones, pero requiere una respuesta concreta. Cuestionó las excusas que llevan a relegar la participación en la Eucaristía y recordó la importancia de santificar el domingo, día del Señor. Frente a una fe que puede quedar desplazada por las ocupaciones, los intereses personales o la indiferencia, insistió en que la llamada al Reino exige compromiso y disposición para responder. «El Señor no se conforma, Él quiere que haya de verdad los invitados», señaló, recordando que la Iglesia está llamada a continuar anunciando el Evangelio y convocando a todos, sin dejar a nadie de lado.

𝐔𝐧𝐚 𝐟𝐞 𝐫𝐞𝐝𝐮𝐜𝐢𝐝𝐚 𝐚 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐧𝐨 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚: 𝐋𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐞𝐦𝐩𝐢𝐞𝐳𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐜𝐚𝐬𝐚

El Obispo Auxiliar explicó que el traje de fiesta de la parábola representa una fe que se manifiesta en las obras y en la manera de responder cotidianamente a Dios. Seguir a Jesús, sostuvo, implica renunciar a uno mismo, cargar con la propia cruz y asumir las responsabilidades personales y comunitarias, sin buscar aplausos ni reconocimiento. En el contexto del Mes de las Misiones, recordó que la tarea evangelizadora no se limita a octubre, sino que se vive durante todo el año, comenzando por la familia y el entorno cercano. Al compartir su experiencia de las confirmaciones celebradas el sábado en la comunidad de Basilio, destacó la importancia de vivir la fe con convicción, incluso en medio de las dificultades. «La misión empieza por casa: primero yo, mi familia, mi entorno», afirmó Mons. Gómez.

Finalmente, exhortó a seguir a Jesús en las buenas y en las malas, más allá de las emociones pasajeras, y pidió al Señor que aumente la fe de los cristianos para vencer las tentaciones y vivir con coherencia el Evangelio.

Fuente: Arquidiócesis de Santa Cruz

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