Monseñor Pascual Limachi llama a vivir una fe coherente y advierte contra el peligro de la superficialidad espiritual
Prensa CEB 11.10.2026. Desde la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles en la ciudad de La Paz, Monseñor Pascual Limachi, obispo de la Prelatura de Corocoro, presidió este domingo la solemne eucaristía dominical. En un gesto significativo durante su saludo inicial, la autoridad eclesiástica extendió una calurosa felicitación a las mujeres bolivianas en la fecha en que el país conmemora su día.
Durante su homilía, centrada en el Evangelio de San Mateo y la parábola del banquete de bodas, Monseñor Limachi profundizó en la llamada universal de Dios hacia la humanidad. El obispo explicó que la imagen del rey que celebra las nupcias de su hijo representa a Dios Padre y a Jesucristo, y advirtió sobre las diferentes actitudes con las que las personas responden a la gracia divina.
Una invitación rechazada por las distracciones del mundo
En su reflexión, la autoridad religiosa dividió el mensaje evangélico en tres ejes fundamentales. En primer lugar, abordó la «invitación rechazada», señalando que los primeros convocados desatendieron el llamado del rey priorizando sus intereses terrenales, negocios o labores cotidianas, e incluso violentando a los mensajeros —una actitud que comparó con la resistencia histórica de la humanidad ante los profetas de Dios.




La misericordia y el banquete abierto a todos
Posteriormente, destacó la «invitación abierta» que llevó a los siervos a convocar a los cruces de caminos, congregando tanto a buenos como a malos, pobres y marginados. Con ello, enfatizó que la misericordia de Dios no excluye a nadie y que su reino está abierto para todos aquellos con un corazón dispuesto.

El traje de fiesta: la exigencia de una fe sincera
Finalmente, el obispo reflexionó sobre el desenlace de la parábola y el hombre hallado sin el traje de fiesta. Monseñor Limachi advirtió a los feligreses que la salvación y el acceso al banquete eterno exigen una verdadera conversión y coherencia de vida. “No basta con aceptar la invitación de Dios, hay que vivirla con seriedad, revestidos de la gracia, la fe sincera y la caridad activa”, puntualizó, alertando sobre el peligro de una fe superficial que busca los beneficios del reino sin asumir sus exigencias.
La celebración eucarística concluyó con un llamado a la reflexión comunitaria sobre la manera en que cada creyente responde cotidianamente a la llamada divina, invitando a la feligresía a vivir con autenticidad los valores del Evangelio.


