Cuando el corazón necesita quedarse un poco más… y qué mejor que hacerlo en compañía de mamá
Prensa CEB 20.01.2026 Jesús, hecho Pan, acababa de encontrarse con su pueblo en la misa del domingo en la Basílica Menor Nuestra Señora de los Ángeles – San Francisco. Después de recibirlo, cada corazón buscó la manera más sincera de responderle, y fue en ese momento que nuestra cámara captó una escena sencilla y profunda, de esas que no hacen ruido, pero dicen mucho.
Algunos fieles permanecieron arrodillados, con los ojos cerrados, dejando que el encuentro con Cristo hablara en lo hondo. Otros, en un gesto espontáneo y lleno de confianza filial, se acercaron hasta la imagen de la Virgen de Copacabana para hablarle como a una Madre, sabiendo que toda verdadera devoción mariana conduce siempre a Jesús.

Allí, frente a la Virgen, se vieron labios que se movían sin emitir sonido, manos entrelazadas, ojos cargados de lágrimas y de esperanza a la vez. Eran plegarias, agradecimientos, súplicas, dolores y alegrías entregadas con la certeza de que María intercede, acompaña y presenta ante su Hijo aquello que muchas veces cuesta decir directamente.
La cámara lo captó todo sin interrumpir. No había prisa. No había espectáculo. Solo fe vivida en silencio. La devoción no reemplazaba el encuentro eucarístico, nacía de él.

Eso fue lo que vivimos este domingo en la Basílica Menor Nuestra Señora de los Ángeles – San Francisco y que quedó registrado por nuestra cámara: una fe sencilla y profunda, donde Jesús sigue siendo el centro, y María, como tantas veces en la vida del creyente, ayuda a presentar ante Dios las alegrías, los cansancios y las peticiones más hondas. Porque hay momentos en los que, después de comulgar, el corazón necesita quedarse un poco más… y qué mejor que hacerlo en compañía de mamá.



