Mons. Percy Galván exhorta a fortalecer los valores en la familia
Prensa CEB 1.03.2026. En la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles, en San Francisco, el Arzobispo de La Paz, Mons. Percy Galván, presidió la Eucaristía dominical en este segundo domingo de Cuaresma, domingo de la Transfiguración del Señor, exhortando a los fieles a dejar el confort cotidiano para encontrarse con Dios, como Abraham en la primera lectura.
«Introduciéndonos a la invitación de Jesús, dejemos nuestra casa, nuestro círculo cómodo, para ir al encuentro del Señor», enfatizó el prelado, recordando el episodio en el monte Tabor con Pedro, Santiago y Juan. Para contextualizarlo con la realidad paceña, mostró una foto del Illimani: «No del Tabor, sino del Illimani, nuestra montaña más bella. Espiritualmente, subamos a este cerro en Cuaresma para orar, ayunar y hacer obras de solidaridad. Allí, bebamos el agua fresca que riega huertos, simbolizando la vida que da Dios».
Mons. Galván llamó a «escuchar la Palabra y ponerla en práctica»: «Este es mi Hijo amado. Ustedes, en Jesús, son mis hijos. ¿Por qué vivir con rencores, divisiones o confrontaciones? Somos hermanos, venimos de Dios y del amor de María».


Un llamado urgente a la familia
El Arzobispo centró su mensaje en la familia como núcleo de la sociedad. A los padres: «Acérquense con respeto a abuelos, padres y madres. Transfigúrense de la irrespetuosidad al respeto y la obediencia. Ellos saben que la felicidad no está en lo material, sino en vivir unidos como familia de Dios».
Lamentó la realidad de la niñez y juventud: «Nos hemos vuelto desobedientes, malagradecidos. Honra a tu padre y a tu madre, dice la Palabra. Sean agradecidos; eviten la violencia verbal, psicológica o física».





A los padres, pidió paciencia y comprensión con los hijos en «tiempos nuevos», pero sin abdicar la educación: «La escuela da conocimientos, pero ustedes educan para la vida, transmiten testimonio de amor a Dios y servicio a los demás. Denles tiempo, abrazos, elogios; no solo comida o universidad. Sean pedagogos de la paz y la felicidad».
Finalmente, sobre los hermanos: «Apóyense, quiéranse, dense una mano. No dejen que herencias o bienes materiales destruyan la fraternidad. Reconcíliense en Cuaresma. Los hijos son signo de unidad; hagamos de Bolivia una familia grande que testifique el amor de Cristo al mundo, con corazones capaces de amar, perdonar y solidarizarse». «Que así sea», concluyó Mons. Galván, invitando a la transfiguración personal y familiar en este tiempo litúrgico.

A continuación la homilía completa.


