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«Amados para amar, perdonados para perdonar», Mons. Basilio Mamani anima a anunciar la Misericordia del Resucitado

Prensa CEB 12.04.2026. En el marco de la celebración del II Domingo de Pascua, también conocido como Domingo de la Divina Misericordia, Monseñor Basilio Mamani, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de La Paz, presidió la Santa Eucaristía en la ciudad de La Paz y ofreció una homilía centrada en el encuentro de Cristo Resucitado con sus discípulos. En la oportunidad también saludó a los niños y niñas del país, pidiendo a Dios que les bendiga para que crezcan en amor, y sabiduria de Dios.

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Tomando como punto de partida el relato evangélico del Resucitado que se aparece a los suyos (discípulos) reunidos por el miedo, Mons. Mamani subrayó que la condición de los discípulos —marcada por la culpa, la negación y el temor— no fue obstáculo para que Jesús los buscara. «Ser discípulo no significa no tener miedo, sino no dejar que el miedo nos paralice», afirmó el Obispo, invitando a la asamblea a seguir a Cristo desde la confianza antes que desde la seguridad propia.

El segundo momento de la homilía estuvo dedicado al don de la PAZ que el Resucitado otorga a su comunidad. Mons. Mamani precisó que esa paz no se reduce a un saludo convencional ni a la simple ausencia de conflictos: «es un don que restaura el corazón roto», que pasa necesariamente por la cruz. A partir de esa afirmación, el Obispo extendió el mensaje al presente: Cristo quiere colocarse hoy en el centro de cada familia, cada vida y cada comunidad boliviana para edificar desde allí su Reino.

La PAZ, sin embargo, no conduce al repliegue sino a la salida. Citando el envío que Jesús confía a los suyos —«Como el Padre me envió, así también yo los envío»—, Mons. Mamani destacó la dimensión misionera que nace de haber recibido la Misericordia: «Amados para amar, perdonados para perdonar.» Anunciar, reconciliar y solidarizarse con el prójimo son, según el Monseñor, consecuencias naturales del encuentro con el Resucitado, no opciones secundarias para el cristiano.

Finalmente, el Obispo Auxiliar se detuvo en la figura del apóstol Tomás para mostrar que la duda no excluye del camino de la fe. Recordó que Jesús no rechazó la resistencia de Tomás, sino que volvió a su encuentro ocho días después y lo condujo a una de las profesiones de fe más hondas del Evangelio: «¡Señor mío y Dios mío!» En ese gesto, Mons. Mamani leyó la paciencia de Dios con el itinerario personal de cada creyente y la convicción de que «la duda no es enemigo de la fe, sino un camino para encontrarla más sólidamente.»

Al concluir, y reconociendo la fragilidad económica y social que atraviesa Bolivia, el Obispo Auxiliar animó a la comunidad a no desfallecer: «Este Cristo nos anima, no podemos desfallecer.» La celebración del Domingo de la Divina Misericordia fue presentada como una invitación a renovar las ganas de vivir, servir, compartir y amar, bajo la gracia de un Dios que es, ante todo, vida y resurrección.

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