Nuncio Apostólico llama a renovar el ardor misionero y la conversión del corazón en inauguración de la Asamblea de Obispos de Bolivia
Prensa CEB 14.04.2026. En un ambiente de oración y reflexión pascual, el Nuncio Apostólico en Bolivia dirigió la homilía de apertura de la Asamblea de Obispos de Bolivia, animando a los pastores del país a vivir con autenticidad la acción transformadora del Espíritu Santo y a renovar su compromiso misionero con el pueblo boliviano.
El representante del Papa inició su mensaje saludando fraternalmente a los obispos y fieles presentes, invitándolos a contemplar “la luz de Cristo resucitado” y a discernir los signos de los tiempos para ofrecer al pueblo “una palabra de consuelo y verdad”. En su reflexión sobre el Evangelio del diálogo entre Jesús y Nicodemo, destacó que el renacer del espíritu “no puede entenderse solo desde una mirada material”, sino como “la obra divina que transforma las actitudes y comportamientos del corazón humano”.
“El Espíritu Santo —subrayó el Nuncio— es el agente principal que produce una transformación genuina y duradera en la vida de las personas, porque nos da la capacidad de cambiar de actitud y de comportamiento”. Añadió que la verdadera conversión solo puede brotar de la acción divina, que impulsa a cada cristiano a vivir según el modelo evangélico de Cristo, en una misión que trasciende los intereses personales.
Durante su homilía, el Nuncio recordó también las palabras del Papa León Magno, afirmando que “la misión no es una tarea secundaria, sino parte de la identidad esencial del cristiano”. En ese sentido, alentó a los obispos a conservar “el ardor misionero por anunciar la palabra con alegría”, en sintonía con el mensaje del Papa Francisco sobre La alegría del Evangelio, tema que será tratado próximamente en un consistorio convocado para junio.
Apoyándose en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, el Nuncio evocó el ejemplo de las primeras comunidades cristianas, “que tenían un solo corazón y una sola alma”. Esa unidad —dijo— solo puede ser fruto del Espíritu de Dios, frente a una realidad marcada por el individualismo, los intereses partidistas y el distanciamiento del Creador.
“Solo el espíritu nos puede dar esa identidad de sentirnos parte de algo, parte de alguien que desea nuestra superación, pero sobre todo nuestra salvación”, expresó. Finalmente, llamó a los obispos a ser testigos del amor y de la resurrección del Señor, guiando a su pueblo “con el espíritu que nace de lo alto” y confiando su misión a la protección de la Madre del Redentor para que los trabajos pastorales “den frutos abundantes en estas tierras amadas de Bolivia”.






