Mons. Giovani Arana: La familia como Iglesia doméstica
Prensa CEB 14.04.2026. En el marco de la Asamblea de Obispos que se desarrolla en Cochabamba, Monseñor Giovanni Arana, obispo de El Alto, en contacto con los medios de comunicación reflexionó sobre los desafíos que enfrenta la familia en el contexto actual del país.
Durante una entrevista, Mons. Arana destacó que la familia continúa siendo “una escuela de fe y de caridad”, un espacio fundamental donde se forman valores y se construyen las bases para el futuro de niños y jóvenes. Sin embargo, advirtió que esta institución atraviesa momentos complejos que requieren mayor atención tanto de la Iglesia como del Estado y otras instancias sociales.
En relación al rol estatal, señaló que si bien se han dado avances en políticas de apoyo a la familia, estos aún resultan insuficientes. “Siempre se puede hacer más”, afirmó, subrayando la necesidad de un trabajo conjunto que permita responder a las nuevas realidades sociales y económicas.
Uno de los factores que más impacta a las familias bolivianas es la crisis económica, que en muchos casos obliga a la desintegración del núcleo familiar. Según explicó, esta situación lleva a que padres o hijos migren en busca de trabajo, o incluso que menores de edad asuman responsabilidades laborales de adultos, afectando su desarrollo integral.
Crisis de valores y disgregación familiar
A esta problemática se suma la creciente disgregación familiar causada por divorcios, abandono y migración, así como un fenómeno alarmante: el incremento de feminicidios. El obispo advirtió que estos hechos no solo representan cifras, sino tragedias humanas que destruyen familias enteras.
“Una vida no puede reducirse a un número”, expresó, enfatizando que la raíz del problema radica en una crisis de valores. En ese sentido, sostuvo que la solución no pasa únicamente por leyes o estadísticas, sino por un trabajo profundo en la formación ética y humana desde la familia.
Asimismo, reiteró la importancia de recuperar el papel de la familia como núcleo de la sociedad, promoviendo una acción articulada entre Iglesia, Estado e instituciones. “Debemos hablar un mismo lenguaje y devolver a la familia el espacio que siempre ha tenido”, señaló.


