“Que ninguna familia quede sola”: El clamor desde la realidad social de Bolivia
Prensa CEB 15.04. 2026. En la segunda sesión de este miércoles 15 de abril, la CXVIII Asamblea de Obispos de Bolivia profundizó en “la realidad social de la familia” desde un enfoque social y caritativo, a partir de la presentación de Elizabeth Zavala, secretaria ejecutiva de Pastoral Social Cáritas Boliviana. La expositora recordó que la caridad, como dimensión fundamental de la fe, no se reduce a la asistencia puntual, sino que es amor activo hacia los pobres y compromiso para transformar las estructuras injustas que hieren la dignidad y el desarrollo humano integral de las familias.
Zavala presentó el panorama de la pobreza multidimensional en el país, que según estudios mencionados afecta a alrededor del 61% de la población boliviana, e incluye carencias en educación, salud, vivienda, alimentación, empleo y también en espiritualidad. Señaló que la pobreza se expresa en deserción escolar y brechas de calidad educativa, deterioro de la salud, desnutrición, viviendas precarias, informalidad laboral y rezago social, además de una “bancarrota espiritual” que se manifiesta en vidas vividas lejos de la gracia de Dios.
La responsable de Cáritas describió diversos rostros de la pobreza que impactan directamente en la vida familiar: informalidad extrema que obliga a millones a vivir “al día”, pobreza infantil persistente, comunidades indígenas afectadas por extractivismo y crisis ambiental, y grandes desigualdades entre área urbana y rural. A ello se suman dificultades de acceso a educación de calidad, altos índices de trabajo infantil y adolescentes embarazadas, familias que destinan hasta 60–65% de sus ingresos a la alimentación, viviendas hacinadas y servicios básicos insuficientes, así como una alta informalidad laboral que deja a los hogares sin protección social.
Ante este escenario, Zavala subrayó que la misión de la Iglesia, desde la sinodalidad, es caminar junto a las familias empobrecidas, combinando la ayuda inmediata con la denuncia profética de la injusticia y la promoción de la solidaridad comunitaria. Planteó como desafíos superar la polarización política en torno a la pobreza, priorizar salud y educación para los más vulnerables y fortalecer redes de parroquias, comunidades, ollas comunes y organizaciones sociales, de modo que ninguna familia quede sola ante la precariedad económica, la migración interna y el riesgo de una “orfandad espiritual y afectiva” en niños y jóvenes.


