Obispo Auxiliar de Cochabamba interpela a los bloqueadores a reflexionar sobre el daño a sus familias y a Bolivia
Prensa CEB 24.05.2026. Monseñor Iván Vargas, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba, hizo un llamado a la conversión, a la paz y al abandono de las “narrativas e ideologías caducas” durante la homilía de la solemnidad de Pentecostés, celebrada hoy desde la Parroquia de San Ildefonso, a los pies de la Virgen de Urcupiña, en plena coyuntura de alta conflictividad social en Bolivia.
Pentecostés, fiesta del Espíritu y del amor
En su homilía, Monseñor Vargas recordó que Pentecostés es “la fiesta de la inauguración de la Iglesia”, cuando el Espíritu Santo desciende y cumple la promesa de Jesús de no dejar solos a sus discípulos.
Explicó que el Espíritu Santo es la fuerza del amor del Padre y del Hijo que viene a habitar en los creyentes, y subrayó que el cristiano está llamado a hablar “el idioma del amor”, por encima de cualquier diferencia de origen, historia familiar o cultura.
El “idioma del amor” frente a la división
Comentando el pasaje de los Hechos de los Apóstoles, el obispo destacó que personas de distintos pueblos y lenguas se entendían porque compartían el mismo lenguaje del amor. A partir de esta imagen, insistió en que, pese a las diversas realidades familiares y sociales, el amor debe ser el valor supremo que permita desarrollar sensibilidad humana, capacidad de perdonar y de reconocerse como hijos de Dios.
Llamado a quienes están en confrontación
Desde la Parroquia San Ildefonso en Quillacollo, monseñor Vargas dirigió un mensaje directo “a todos esos hermanos bolivianos que en este momento están en confrontación”, señalando que muchos viven “con el corazón, el alma y el espíritu envenenados”. Pidió que pongan su confianza en Dios y sanen sus corazones, porque “nuestra patria boliviana no sale adelante con enfrentamientos” y no puede quedarse “en narrativas caducas ni en ideologías caducas” ni en “actitudes cavernarias que nacen de una mentalidad visceral”.
El obispo se dirigió específicamente a los bloqueadores, interpelando a sus esposas e hijos y cuestionando el impacto de permanecer en los puntos de bloqueo.
“No arruines tu vida, hermano bloqueador”
Monseñor Vargas pidió a los bloqueadores reflexionar y no dejarse llevar por amenazas, afirmando que “nadie te puede hacer daño si no bloqueas” y recordando que cada persona es inteligente y responsable de sus actos. “Piensa que lo que estás haciendo no te beneficia, te hace daño y hace daño a tu familia”, dijo, invitando a no guardar odio ni resentimiento, porque los bloqueos y las ideologías manipuladas “no son chiste” y terminan desgastando la salud y la vida.
El prelado advirtió que tanto bloqueadores como bloqueados viven situaciones de humillación, pero insistió en que “la humillación no nos lleva a nada”. Acompañado por la referencia constante a la Virgen de Urcupiña, pidió entrar en el corazón de los bloqueadores para que tomen conciencia del daño que se hacen a sí mismos y a sus familias, exhortando a toda la comunidad a rezar por ellos.


