Riberalta, donde la evangelización significa adaptarse al lugar y entender que la misión no siempre se vive bajo cielos claros
Prensa CEB 2026.06.18 La naturaleza siempre tiene la última palabra en Riberalta. Y así lo dejó claro en la madrugada. Atrás habían quedado los cielos despejados y el calor intenso. En esta penúltima parada del trayecto, el paisaje parecía otro, pero la humedad seguía haciendo su trabajo silencioso, pegándose al cuerpo, envolviendo la ropa, recordando que en esta zona el clima nunca se vive a medias.

Y aun así, la escena en este municipio beniano tenía algo que desconcertaba: mientras la lluvia golpeaba techos de calamina y formaba pequeños ríos en las calles, muchos seguían caminando con polera y short, como si ese frío fuera apenas una anécdota pasajera. Esa es la lógica de estas tierras: el cuerpo aprende a convivir con todo tipo de climas.
Formación en la parroquia Cristo Rey
Hasta esta ciudad llegó el equipo del Área de Evangelización de la Conferencia Episcopal Boliviana, que continuaba una travesía formativa que había comenzado días antes en comunidades de Pando y que ahora se adentraba en Beni con una misión clara: fortalecer a quienes sostienen la fe. Biblia, catequesis y liturgia eran los tres pilares de una formación pensada para hombres y mujeres que, en medio de su realidad diaria, dedican tiempo a evangelizar, acompañar y construir comunidad.
A diferencia de las comunidades anteriores, aquí el movimiento era evidente. Más comercio, más negocios, más gente transitando incluso bajo lluvia. Y sobre todo, motos. Decenas, cientos de motos que parecían ser la sangre circulante de la ciudad.

En medio de ese escenario, el destino era la parroquia Cristo Rey, un punto de encuentro para quienes, pese al clima, no estaban dispuestos a dejar pasar la oportunidad de formarse. La lluvia retrasó el inicio. Las gotas, persistentes, parecían poner a prueba la voluntad de todos. El reloj avanzaba y las bancas todavía lucían vacías, pero entonces ocurrió algo casi simbólico: así como la lluvia caía una gota tras otra, de la misma manera comenzaron a llegar los participantes.
Biblia
Abel Maldonado, ejecutivo del Área de Evangelización y responsable de las áreas de Liturgia, Música, Arte Sacro, Piedad Popular y Doctrina y Fe, de la CEB, profundizó la formación en el Antiguo Testamento como un camino esencial para entender la pedagogía de Dios con su pueblo.
A través de ejemplos, recordó cómo Israel, pese a ser elegido y amado por Dios, atravesó constantes caídas, infidelidades y quejas, especialmente en momentos decisivos como la esclavitud en Egipto y la travesía por el desierto.

Sin embargo, se resaltó que Dios nunca abandonó a su pueblo, sino que continuó acompañándolo con paciencia, como un padre que permanece fiel incluso ante la rebeldía de sus hijos. Esta mirada permitió a los participantes reconocer que la historia de Israel refleja también la historia de cada creyente: momentos de cercanía, de alejamiento, de dudas y de reconciliación con Dios.
Catequesis
Uno de los temas que se compartió en la jornada formativa fue la invitación que hizo Cecilia Coronel, responsable de la sección de Catequesis, Biblia y Culturas, del Área de Evangelización, a una catequesis en salida, inspirada en el constante llamado del Papa Francisco a no esperar que los fieles lleguen, sino a ir en busca de ellos.
Durante su exposición, reflexionó sobre la realidad actual de muchas comunidades donde niños y jóvenes se alejan cada vez más de la vida parroquial. Frente a ello, se planteó la necesidad urgente de un catequista misionero que se convierta en sembrador de la Palabra.

Los participantes compartieron experiencias donde la cercanía y la búsqueda activa han permitido rescatar a jóvenes de ambientes de violencia y desorientación espiritual. Se destacó que el catequista debe ser un puente entre la fe y la vida cotidiana, llevando esperanza donde más se necesita.
Liturgia
Abel Maldonado, también puso énfasis en recordar lo que significa verdaderamente el bautismo. Más allá de ser la puerta de entrada a la Iglesia, se explicó que este sacramento imprime una identidad profunda en cada cristiano.
Recordó que por el bautismo, todos reciben tres condiciones fundamentales: sacerdote, profeta y rey. Este punto fue clave para entender la liturgia, porque desde ahí se comprende que la misa no es solo “cosa del sacerdote”. El sacerdote preside, pero la Iglesia entera celebra.
“Todos somos celebrantes”, se repitió varias veces. La explicación buscó romper esa visión pasiva que muchas veces se tiene de la Eucaristía, donde algunos asisten como espectadores. Desde la enseñanza recibida, cada bautizado tiene un rol activo porque participa desde su sacerdocio común.
Misión que continúa su camino
Riberalta, con su humedad espesa, sus motos incesantes y su lluvia terca, terminó siendo mucho más que una parada final. Fue el retrato perfecto de lo que significa evangelizar en Bolivia: adaptarse al terreno, leer los signos de cada lugar y entender que la misión no siempre se vive bajo cielos claros. A veces se vive bajo tormenta, a veces entre barro, neblina y retrasos, pero incluso ahí, la fe sigue llegando. Como las gotas, una a una, constante, persistente. Hasta empapar el corazón.


