«La santidad tiene rostros cotidianos, como personas que eligen hacer el bien cuando podrían hacer lo contrario»
Prensa CEB 1.11.2026 La santidad no siempre tiene un altar, una imagen o un nombre inscrito en el calendario; a veces tiene rostro de madre, de padre, de vecino o de aquel desconocido que, aun viviendo en medio de necesidades, elige hacer el bien. Este fue uno de los mensajes centrales de la homilía de Mons. Eugenio Coter, obispo del Vicariato Apostólico de Pando, durante la celebración de la misa dominical, donde invitó a reconocer la presencia de personas que, con sus decisiones cotidianas, hacen visible el amor de Dios.
En Bolivia, la celebración de Todos Santos es un tiempo especialmente significativo para recordar a quienes alcanzaron la santidad y en estos días también para volver el corazón hacia nuestros seres queridos fallecidos. Entre flores, mesas preparadas, recuerdos y oraciones, muchas familias mantienen vivo el vínculo con quienes ya partieron. Sin embargo, la reflexión del obispo también nos invita a mirar a nuestro alrededor y descubrir que la santidad no es solamente un recuerdo del pasado, sino una realidad que puede hacerse presente en nuestra vida cotidiana.
«Hay santos en medio de nosotros que siguen haciendo milagros», expresó Mons. Coter al referirse a quienes pese a vivir en la pobreza y experimentar necesidades, podrían aprovecharse de los demás, engañar o robar para obtener beneficios, pero deciden no hacerlo porque comprenden que la verdadera hambre y sed de justicia es el camino hacia la felicidad. «Demos gracias a Dios por estos santos que caminan en medio de nosotros», manifestó.
Su reflexión nos recuerda que también existen milagros que no necesitan explicaciones extraordinarias: ocurren cuando alguien tiene motivos para actuar mal, pero elige la honestidad; cuando una persona, aun con dificultades, se niega a perjudicar a otra; cuando el bien prevalece incluso en medio de las carencias. Son gestos que quizá pasan inadvertidos, pero que sostienen la esperanza y nos muestran que la fe puede transformar la manera en que vivimos y nos relacionamos con los demás.
«El Reino de Dios no es el futuro en el paraíso, ya está aquí en medio nuestro», señaló el Obispo. En este Día de Todos Santos, su mensaje nos invita no solamente a recordar con amor a quienes ya partieron, sino también a agradecer por esas personas que siguen sembrando bondad entre nosotros. Tal vez, al mirar a nuestra familia, nuestra comunidad o nuestro entorno, descubramos a uno de esos santos cotidianos. Porque mientras haya alguien que elija hacer el bien, compartir lo que tiene y vivir con justicia, seguirá habiendo razones para creer en la esperanza.


