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Nuncio Apostólico llama a la Vida Religiosa a “nacer de nuevo” y ser signo de esperanza en Bolivia

Prensa CEB 14.01.2026. En el marco de la inauguración de la 39ª Asamblea de la Conferencia Boliviana de Religiosos (CBR), el Nuncio Apostólico en Bolivia, Mons. Fermín Sosa, presidió la Eucaristía inaugural e invitó a las religiosas y religiosos del país a renovar su vocación, “nacer de nuevo” y comprometerse activamente con la realidad del pueblo boliviano, marcada por profundos desafíos sociales, espirituales y culturales.

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𝐍𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨 𝐀𝐩𝐨𝐬𝐭ó𝐥𝐢𝐜𝐨 𝐥𝐥𝐚𝐦𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐕𝐢𝐝𝐚 𝐑𝐞𝐥𝐢𝐠𝐢𝐨𝐬𝐚 𝐚 “𝐧𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨” 𝐲 𝐬𝐞𝐫 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚𝐧𝐳𝐚 𝐞𝐧 𝐁𝐨𝐥𝐢𝐯𝐢𝐚 VidaReligiosa Imágenes gentileza CBR #Bolivia

♬ sonido original – Conferencia Episcopal Bolivana – Conferencia Episcopal Bolivana

Durante su homilía, Mons. Sosa transmitió el saludo y la bendición del Papa León XIV, y subrayó que la Iglesia vive hoy “un cambio de época, más que una época de cambios”, lo cual interpela directamente a la vida consagrada. “Bolivia está también en esta dinámica y hay que saber leer los signos de los tiempos para poder comprender cómo se hace presente Dios en esta nueva realidad y cuál es nuestra misión actual”, afirmó, exhortando a no replegarse, sino a ser parte activa del proceso de transformación.

El representante pontificio valoró el lema del encuentro, “Vida Religiosa, llamada a nacer de nuevo”, destacando que renacer implica “construir algo nuevo, algo bueno, algo que trascienda”, cultivado con perseverancia y esperanza. En ese contexto, recordó que la clausura del Año Jubilar no significa el fin de la gracia, sino el inicio de una etapa para “cultivar lo sembrado y recoger frutos”.

Mons. Sosa identificó tres llamados del Espíritu Santo para este tiempo: despertar, despojarse y recrear. “Despertar de un letargo que nos mantuvo limitados para realizar nuestra labor misionera; despojarnos de todo aquello que separó a los fieles de Dios; y recrear una nueva sociedad que pueda resurgir de las cenizas”, expresó, señalando que la vida religiosa está llamada a “revivir el espíritu caído de una sociedad herida”

En otro momento central de su reflexión, el Nuncio recordó que la misión de los consagrados es llevar los corazones de las personas a Dios, pero advirtió: “¿Puedo dar algo que no tengo? Si no tengo al Señor, ¿cómo puedo ofrecerlo y ser testigo de su amor misericordioso?”. Por ello, insistió en la primacía de la vida espiritual y de una fe profunda que sostenga la acción pastoral.

Citando al Papa León XIV, Mons. Sosa destacó que en una “sociedad del ruido que confunde”, hoy más que nunca se necesitan servidores que anuncien “la primacía absoluta de Cristo”, con claridad en la voz y en el corazón. Asimismo, animó a la vida religiosa a mantenerse fiel al Evangelio, especialmente en el servicio a los más débiles, como signo concreto del amor de Dios en medio de un mundo “convulsionado, pero sediento de Dios”

HOMILÍA COMPLETA DE MONS. FERMÌN SOSA

NUNCIO APOSTÓLICO DE SU SANTIDAD EN BOLIVIA

Queridos hermanos, querido don señor Reyo, don señor Juan, es un gusto, como decía al inicio, poder estar con ustedes acompañándonos en la inauguración de este encuentro y es por eso que quisiera agradecer a la hermana Egidia Llanos, que es la presidenta de la Junta Directiva Nacional de la CBR, por invitarme a presidir esta eucaristía en la inauguración de este 39º Encuentro Nacional de la Vida Religiosa en Bolivia, quiero dar también los saludos y bendiciones del Papa León XIV. Queridos o queridas hermanas, queridos hermanos, los tiempos que hoy se viven a nivel internacional, como a nivel nacional, nos invitan a reflexionar más profundamente sobre nuestra fe y sobre nuestra misión. Estamos, como refería el Papa Francisco, en un cambio de época, más que una época de cambio.

Ese cambio que se está dando en el mundo nos afecta directamente tanto como personas de fe, así como personas consagradas en el Señor. Bolivia está también en esta dinámica y hay que saber leer los signos de los tiempos para poder comprender cómo se hace presente Dios en esta nueva realidad y cuál es nuestra misión actual. Ante una realidad tan compleja como la que se vive, nosotros no podemos quedarnos al margen y estar replegados en un rencor, sino que debemos también ser parte activa de este cambio.

Sin embargo, para que esto pueda suceder, es necesario que también nosotros, personalmente, crezcamos en nuestra fe, en nuestra esperanza y en nuestra caridad hacia nuestros hermanos. Han escogido para este 39º encuentro un tema muy bonito, nacer de nuevo. Qué bello título para reflexionar sobre esta nueva realidad en la cual estamos viviendo.

Es precisamente el nacer lo que nos da, en primer lugar, la oportunidad de poder construir algo nuevo, algo bueno, algo que trascienda para que se cultive con amor, con ahínco, con perseverancia y con esperanza. Hemos concluido hace unos días el año jubilar de la esperanza. Encerrar las puertas santas en nuestras diócesis y vicariatos no significa que las gracias divinas no sigan descendiendo, sino que ahora, después de un año santo, debemos de cultivar lo sembrado para poder recoger esos frutos.

¿Qué frutos podemos recoger? Ustedes lo van a reflexionar durante estos días, ya que en una de sus reflexiones está la llamada del Espíritu Santo, que es el despertar, el despojarse y el recrear. Así es, el despertar de un letargo que nos mantuvo entumidos y limitados para realizar nuestra labor misionera y evangelizadora. Esto para poder despojarse de todo aquello que separó a los fieles de Dios y que profundizó las máximas del materialismo, cubriendo al espíritu con una escoria de la indiferencia, del egoísmo, de la corrupción y del pecado.

Y así dar cabida a una nueva creación, crear algo nuevo que pueda resurgir de las cenizas. A nosotros nos toca revivir el espíritu caído de una sociedad herida. Ustedes, queridas hermanas y hermanos consagrados, con su vocación particular y la de sus fundadores, están llamados a comprometerse más con el pueblo de Dios, a reengendrarse en la comunidad que les ha sido confiada, en unión con los pastores de las iglesias locales.

Ustedes están llamados a dar vida de nuevo, a hacer ese fermento, esa levadura, importante para devolver la dignidad y la fe al pueblo de Dios. Recuerden que nuestra labor, como consagrados, está en el de llevar los corazones de las personas a Dios. Pero antes de cumplir con esa misión, debemos nosotros dirigir nuestros propios corazones al Señor.

¿No puedo dar algo que no tengo? Si no tengo al Señor, ¿cómo puedo ofrecerlo y ser testigo de su amor misericordioso? Y eso nos lo decía el Evangelio. Ustedes, en su vocación personal, han respondido a un llamado divino. Cristo los ha llamado y les ha dicho, sígueme, como se lo dijo a sus discípulos.

Ustedes han respondido con generosidad a este llamado. El Papa León, en su mensaje a los participantes en el encuentro de sacerdotes, religiosos y seminaristas latinoamericanos que estudian en Roma, les dijo, en esa palabra sígueme, podemos encontrar el propósito más profundo de nuestra vida y que es la absoluta iniciativa del Señor. Dios llama a sus discípulos sin ningún mérito por parte de sus interlocutores y mirando más bien a que la vocación a la que los convoca sea una oportunidad para llevar el mensaje evangélico a los pecadores y a los débiles.

De ese modo, sus discípulos, dice el Papa, se convierten en instrumentos del designio de salvación de Dios, que tiene para todos los hombres y subraya que el Evangelio los exhorta a tomar conciencia del compromiso que supone responder a esta vocación. Y mencionando a a San Ambrosio dice que en esa exigencia de dejarlo todo, incluso esas cosas en sí mismas, el Señor no pretende eludir los deberes naturales sancionados por la ley de Dios, sino abrir nuestros ojos a una nueva vida. En ella nada puede anteponerse ante Dios, ni siquiera lo que hasta entonces habíamos conocido como bueno y supone la muerte del pecado y al viejo hombre mundano.

Todo ello con el fin de que seamos uno al otro, uno al lado de Dios Todopoderoso y podamos ver a su Hijo Unigénito. Por tanto, cuando a lo largo de la vida nuestra mirada se nuble, como a Pedro, en medio de la noche o a través de las tormentas, será la voz de Jesús la que con amorosa paciencia nos sostenga. Y al final de su discurso, el Papa León nos motiva diciendo, puesto que estamos en la sociedad del ruido que confunde, hoy más que nunca se requieren servidores y discípulos que anuncien la primacía absoluta de Cristo y que tengan el acento de su voz más claro en los oídos y en el corazón.

Eso lo dijo el Papa en ese encuentro el 9 de diciembre pasado. Queridas hermanas y hermanos, por medio de la ascesis, la valentía y la santidad de vida de sus fundadores y fundadoras, el Señor ha suscitado y ha hecho crecer nuevos caminos de servicio, sobre todo en relación a los más débiles. Y esto nos enseña que las varias vicisitudes de su pasado y la vivacidad del presente hacen experimentar cómo la fidelidad a la sabiduría antigua del Evangelio es el mejor motor para quien impulsado por el Espíritu Santo recorre nuevos caminos de donación dedicados al amor de Dios y del prójimo en la escucha atenta de los signos de los tiempos.

Por eso, como decía San Agustín, hablando de la primicia de Dios. Para ti, Dios es todo. Si tienes hambre, Dios es tu pan.

Si tienes sed, Dios es tu agua. Si estás en tinieblas, Dios es tu luz, porque permanece incorruptible. Si estás desnudo, Dios es tu vestido de inmortalidad.

Y, queridos hermanos, mis palabras son reafirmadas por las lecturas que hemos escuchado hoy. En la primera lectura, escuchamos la palabra, la llamada de Samuel. Dios llama a Samuel y la respuesta de él no se hace esperar.

Inmediatamente, cuando escucha esa voz pensando que era de él, inmediatamente se levanta y va hacia su maestro. ¿Cuál es la respuesta de Samuel? Aquí estoy, Señor, habla que tu siervo escucha. Esa escucha constante a la palabra de Dios hace que el Señor esté con él y que no dejó que cayera por tierra ninguna de sus palabras.

Yo creo que esa parte es muy importante para nosotros, para no confundirnos nosotros con el mundo, con las voces del mundo, sino para tener siempre presente lo que hagamos, en lo que decimos, que la primacía de la palabra de Dios va, ante todo. Esa fidelidad es la que nos invita el Señor para responder día a día a su llamada, que es incesante, que es insistente, y que se verá reflejada en el seguimiento a él, como hemos cantado en la Antífona de la Aleluya. Queridas hermanas y hermanos, Dios nos llama constantemente a una nueva vida, esa de la que le habla a Nicodemo.

Hay que renacer de lo alto para ver el reino de Dios, es decir, nacer del agua y del espíritu. Esa no es una invitación solamente para los laicos, sino es un recuerdo constante para cada uno de nosotros que estamos consagrados al Señor. Si no nacemos del agua y del espíritu, nos quedamos en el vicio de la carne, y como dice el Evangelio, lo que nace de la carne es carne.

Y si nosotros tenemos solamente carne en nuestro corazón, eso es lo que enseñaremos a los demás, y venderemos a nosotros lo que el mundo ya ofrece. Pero si se renace del espíritu, entonces ofreceremos la vida eterna. Por eso, cuidémosle al Señor que renazcamos siempre en el espíritu, para saber guiar al pueblo que se nos ha confiado.

Renacer de nuevo en la noche para llegar a brillar con la luz de Cristo y ser ese faro que guíe a la salvación de los hombres. Que María, Madre de Dios, derrame las bendiciones de su Hijo en cada uno de sus personas y en la misión que ustedes tienen de hacer presente a Cristo en este mundo convulsionado, pero al mismo tiempo sediento de Dios. Y así sea.

Gentileza: Arquidiócesis de Cochabamba y CBR

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