Bendecidos en la espera, el consuelo de sentirse acompañados
Prensa CEB 3.02.2026. Antes de que la campana de la Basílica anunciara el inicio de la misa del domingo, el templo ya estaba lleno de un murmullo distinto. Era una especie de expectativa serena, como cuando el corazón se adelanta a algo que necesita.
Poco a poco, muchas personas se acercaban a un lado del templo para formar una fila silenciosa, pero elocuente. No pedían nada extraordinario: solo una bendición.
Monseñor Percy Galván, arzobispo de La Paz, observó esa fila que crecía como un río paciente. No la esquivó ni la postergó. Antes de que todo comenzara, decidió detener el protocolo litúrgico para atender el tiempo humano.
Uno a uno, con una mirada, una palabra breve o una señal de la cruz, fue bendiciendo a cada persona. En ese gesto sencillo se concentró algo profundo: la Iglesia que escucha y se deja tocar por la necesidad del otro.
Como una fogata encendida en medio del frío, la bendición no resolvió todos los problemas, pero ofreció consuelo y les dio la certeza de que no estaban solos. Porque a veces, lo que más sana no es la respuesta, sino la cercanía.
Este gesto habla de una verdad más amplia, ya que cada obispo, desde su realidad y su comunidad, busca la manera de acercarse al pueblo que le ha sido confiado. En ese espíritu de cercanía, hay obispos que incluso celebran la fe en aymara o en quechua, recordándonos que el Evangelio no tiene un solo idioma, sino muchos rostros.
Al final, esa larga fila no solo recibió una bendición, nos dejó a todos una enseñanza silenciosa: que la fe crece cuando se comparte de cerca.


