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El lunes 2 de febrero la Iglesia celebra la Fiesta de la Presentación del Señor

Prensa CEB 29.01.2026. Iniciamos el mes de febrero, y la Iglesia Católica conmemora la Fiesta de la Presentación del Señor, que también marca la Jornada Mundial de Oración por la Vida Consagrada. En Bolivia, este día evoca especialmente a Nuestra Señora de Copacabana, patrona principal de la Diócesis de El Alto.

La Presentación del Señor en el Templo

La Fiesta de la Presentación del Señor se celebra el 2 de febrero. En este día, Jesús es llevado al Templo por María y José, y su presentación simboliza la consagración del primogénito y la purificación de María. En el Templo, la Sagrada Familia se encuentra con Simeón y Ana, dos ancianos que representan la espera del Mesías y la fe del pueblo.

El encuentro en el Templo es visto como el abrazo de Dios con su pueblo: Jesús es la luz de las naciones y la gloria de Israel. Este sentido de revelación se expresa en las lecturas y cánticos litúrgicos que destacan la misión salvadora de Jesús y el reconocimiento de la redención por parte de Simeón y Ana.

Según la Ley de Moisés, cuarenta días después del nacimiento se presenta al primogénito en el Templo y se purifica a María, ofreciendo un par de tórtolas o dos pichones. Navidad marca el inicio de esta fiesta, que celebra la consagración, la esperanza y la revelación del misterio de la salvación.

Nuestra Señora de Copacabana: Devoción el 2 de febrero

A orillas del Lago Titicaca, entre Perú y Bolivia, se levanta el santuario de Copacabana. En el pueblo, Anansayas y Urinsayas, pese a la fe recibida, conservaban creencias antiguas. Debido a las malas cosechas, los Anansayas fundaron una cofradía dedicada a la Virgen de la Candelaria, mientras los Urinsayas proponían la devoción a San Sebastián, sin prosperar.

Un campesino, Francisco Tito Yupanqui, soñó con una imagen de la Virgen para unir al pueblo. Su primera escultura de barro fue rechazada por lo que viajó a Potosi y La Paz para aprender sobre escultura y obtener apoyo.Con la licencia para la cofradía, la obra avanzó. La imagen llegó al sacerdote de Copacabana, quien la llevó al pueblo. El 2 de febrero de 1583 la Virgen llegó a Guacuyo; la gente la recibió con gozo y la llevó a la iglesia.

El santuario de Copacabana es uno de los más antiguos de América. El templo actual data de 1805 y la imagen fue coronada durante el Pontificado de Pío XI. Actualmente Nuestra Señora de Copacabana es considerada emperatriz, Reina coronada de Bolivia, Patrona y Generala de la Policía Nacional, además de patrona principal de la diócesis de El Alto.

Jornada Mundial de Oración por la Vida Consagrada

Este día, la Iglesia universal, invita a orar por los religiosos y religiosas, testigos de la consagración evangélica, en sintonía con la luz de Cristo presentada en el Templo.

El Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica ha enviado una carta titulada «Profecía de Presencia: La Vida Consagrada donde la Dignidad se hiere y la Fe se pone a prueba». La carta llega pocos días antes de la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que se celebra el lunes 2 de febrero y culmina con la Misa presidida por León XIV en la Basílica Vaticana.

«Profecía de Presencia y Semilla de Paz» en el contexto histórico, hombres y mujeres consagrados de todo el mundo son los destinatarios de la carta. Los responsables del Dicasterio escriben que, durante el último año, durante sus viajes y visitas pastorales, han tenido el don de tocar y ser tocados por la vida de muchas personas consagradas, encontrando los rostros de muchas de ellas llamadas a compartir situaciones complejas: contextos marcados por conflictos, inestabilidad social y política, pobreza, marginación, migración forzada, minorías religiosas, violencia y tensiones, elementos todos ellos que ponen a prueba la dignidad, la libertad y, a veces, la fe misma de las personas. Pero, continúan, estas son experiencias que revelan simultáneamente la dimensión fuerte y profética de la vida consagrada como presencia que perdura: junto a pueblos e individuos heridos, en lugares donde el Evangelio se vive en condiciones de fragilidad y prueba.

Señales de un Dios que no abandona

Un «permanecer» que asume diferentes rostros y desafíos, al igual que varían las complejidades de las sociedades, según si la vida cotidiana está marcada por la fragilidad e inseguridad institucional o si las minorías religiosas experimentan presiones y restricciones, pero también donde la prosperidad coexiste con la soledad, la polarización, nuevas formas de pobreza y la indiferencia. Esto incluye contextos donde la migración, la desigualdad y la violencia generalizada desafían la convivencia civil. En muchas partes del mundo, «la situación política y social pone a prueba la confianza y erosiona la esperanza», afirma la carta, por lo que la presencia «fiel, humilde, creativa y discreta» de las personas consagradas se convierte en un «signo» de que «Dios no abandona a su pueblo».

“Permanecer” según el Evangelio

Además, el documento profundiza en el concepto de «permanencia» evangélica, que nunca es «inmovilidad», ni mucho menos «resignación», sino «esperanza activa» capaz de generar «actitudes y gestos de paz» mediante «palabras que desarman» donde las heridas del conflicto parecen borrar la fraternidad, y «relaciones que dan testimonio» del deseo de diálogo entre culturas y religiones. Esto incluye «opciones que protegen» a los pequeños incluso cuando estar a su lado exige un precio; «paciencia» en los procesos, incluso dentro de la comunidad eclesial; «perseverancia» en la búsqueda de caminos de reconciliación; y «valentía» al denunciar situaciones y estructuras que niegan la dignidad humana y la justicia. A la luz de todos estos elementos, este «permanencia» no es meramente una opción personal o comunitaria, enfatizan, sino que se convierte en una «palabra profética para toda la Iglesia y el mundo».

Muchas expresiones de una sola profecía

Precisamente «como semilla que acepta la muerte para que la vida florezca», la profecía de toda vida consagrada, en sus diversas y complementarias formas, se expresa en la capacidad de permanecer: la vida apostólica, por ejemplo, hace visible una proximidad trabajadora que sostiene la dignidad herida; la vida contemplativa custodia, mediante la intercesión y la fidelidad, la esperanza cuando la fe se pone a prueba. Además, la carta continúa enumerando los estados de vida: los institutos seculares dan testimonio del Evangelio como «levadura discreta» en contextos sociales y profesionales; el Ordo virginum manifiesta el poder de la generosidad y la fidelidad que «abre al futuro»; la vida eremítica recuerda «la primacía de Dios y lo esencial que desarma el corazón». En la diversidad de todas estas formas, enfatiza la carta, «se configura una única profecía: permanecer con amor, sin abandono, sin silencio, haciendo de la propia vida la Palabra para este tiempo y para esta historia».

Floreciendo como semillas de paz

Y dentro de esta «profecía de permanencia», se desarrolla un testimonio de paz, entendido —afirma el documento— como un «camino exigente y cotidiano» de escucha, diálogo, paciencia, conversión de mente y corazón, y rechazo a la lógica de la opresión del más fuerte. Por ello, explica el documento, la vida consagrada, al permanecer cerca de las heridas de la humanidad «sin ceder a la lógica del conflicto», pero «sin renunciar a decir la verdad de Dios sobre la humanidad y la historia», se convierte en «artesana de paz». El documento concluye con un agradecimiento a los consagrados por su perseverancia, una invitación a permanecer, tras el Jubileo que se les dedicó el pasado 10 de octubre, como peregrinos de esperanza en el camino de la paz, y una encomienda al Señor para que nos permita «permanecer», «consolar» y «recomenzar», y así ser, en la Iglesia y en el mundo, «profecía de presencia y semilla de paz».

Con información de la  Hoja Dominical “Día del Señor” y Vatican News.

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