Mons. Jorge Herbas: «Jesús, única fuente de agua viva que sacia la sed del corazón»
Prensa CEB 9.03.2026. Mons. Jorge Herbas, obispo de la Prelatura de Aiquile, centró su homilía del III Domingo de Cuaresma en la sed profunda del corazón humano y en Jesús como única fuente de agua viva que sacia esa sed y transforma la vida, iluminado por el pasaje de la samaritana y la experiencia del pueblo de Israel en el desierto.
Jesús y la samaritana: un encuentro que transforma
Mons. Herbas presentó el Evangelio de la samaritana como una “catequesis bautismal”, en la que se ve el camino de la fe de una mujer marginada hacia el reconocimiento de Jesús como Mesías y Salvador. Recordó que la mujer era samaritana, por tanto, despreciada por los judíos, y que además llevaba una vida desordenada, con cinco maridos anteriores y una relación irregular, lo que la convertía en una excluida social. Sin embargo, Jesús la espera al mediodía, a la hora en que nadie suele ir al pozo, y la aborda con respeto y delicadeza: no comienza por reprocharle su pecado, sino por pedirle humildemente: “Dame de beber”.
El obispo subrayó cómo en el diálogo se ve un crecimiento interior: para la mujer, Jesús pasa de ser “un judío”, a ser “Señor”, luego “profeta” y finalmente el Mesías, hasta que el pueblo proclama que es “el Salvador del mundo”. Destacó que Jesús tiene “sed de la fe” de la samaritana y despierta en ella el deseo de un agua distinta, capaz de saciar la sed más profunda de su corazón, hasta convertirla en testigo y misionera que deja su cántaro y corre a anunciar el encuentro vivido.
La sed del corazón y los “cántaros agrietados”
Aplicando el evangelio a la vida de los fieles, Mons. Herbas afirmó que Jesús se acerca también hoy a cada persona con su historia, sus heridas y sus pecados, no para humillarla, sino porque ve en ella una sed de plenitud y de sentido. Señaló que en el corazón humano se acumulan vacíos, ambiciones, desencantos, frustraciones e impotencias, que muchas veces se intentan llenar con “cántaros agrietados”: alcohol, uso compulsivo del celular, drogas, pornografía y otros refugios que al final dejan más vacío e insatisfacción.
Frente a estas falsas fuentes, recordó que Jesús ofrece un “agua viva” que salta hasta la vida eterna, capaz de dar paz, alegría y sentido a la existencia. Insistió en que el Señor tiene sed de nuestra fe y nos invita a reconocer nuestra necesidad, a acudir a Él con humildad para ser saciados interiormente y, como la samaritana, convertirnos a nuestra vez en fuentes que comunican vida a los demás.
Finalmente, el obispo invitó a dejar los “cántaros agrietados” que no sacian, y a acercarse con confianza a Cristo, fuente inagotable que calma no solo la sed material, sino sobre todo la sed espiritual de paz, felicidad y sentido.
Video gentileza: Radio Esperanza Aiquile


