La Diócesis de El Alto bendice los óleos y fortalece su fraternidad sacerdotal
Prensa CEB 31.03.2026. En una emotiva celebración que congregó a la plenitud de la Iglesia alteña, el Obispo de la Diócesis de El Alto, Monseñor Giovani Arana, presidió la Misa Crismal en la que llamó a su clero a redescubrir el «primer amor» y a evitar que el ministerio sacerdotal se convierta en una rutina administrativa o en un ejercicio de poder.
La celebración contó con la participación del Cardenal de Bolivia Mons. Toribio Porco Ticona y del Nuncio Apostólico en Bolivia, Monseñor Fermín Emilio Sosa Rodríguez, además de los Obispos de la Metrópoli, Mons. Percy Galván, Mons. Pedro Fuentes, Mons. Basilio Mamani, Mons. Juan Carlos Huaygua, Mons. Pascual Limachi y Mons. Luis Durán.

Un retorno al origen: El «Sí» sacerdotal
Durante su homilía, Monseñor Arana enfatizó que la Misa Crismal no es un rito vacío, sino un retorno al «Cenáculo» y al momento de la ordenación de cada presbítero. Dirigiéndose a sus hermanos sacerdotes, recordó que la unción recibida no es un privilegio personal.
«Somos sacerdotes ungidos, pero ungidos no para nosotros mismos, sino primero para Dios y en segundo lugar para el pueblo. No para acomodarnos, sino para ser enviados; no para hacernos capataces de otros, sino para ponernos al servicio», sostuvo el prelado.
El riesgo de ser «funcionarios»
Uno de los puntos de su reflexión fue la advertencia sobre la pérdida de espiritualidad en el ejercicio ministerial. Citando al Papa Francisco, Mons. Arana alertó sobre el peligro de convertirse en «funcionarios de lo sagrado».
Para evitar que la oración se enfríe y la relación con Cristo se vuelva superficial, el Obispo propuso tres pilares de revisión para este año:
- Intimidad con Cristo: Priorizar la adoración eucarística y la liturgia de las horas.
- Fidelidad a los misterios: Celebrar la Eucaristía con fe y sin prisa, evitando que el «estipendio» sea la motivación.
- Escucha profunda: Instó a los sacerdotes a tener «el oído en el corazón de Dios y la mano en el pulso del tiempo», conociendo los sufrimientos reales de la gente.
La obediencia y la fraternidad frente al individualismo
Refiriéndose a la obediencia como una de las promesas más complejas de cumplir en un mundo individualista, explicó que obedecer no es renunciar a la libertad, sino buscar la voluntad de Dios, incluso cuando «cuesta y hace sufrir».
Asimismo, hizo un fuerte llamado a fortalecer la fraternidad sacerdotal, pidiendo erradicar las críticas destructivas y el aislamiento. «No somos individuos aislados, somos un reino, un presbiterio», recordó.
Un programa de vida para El Alto
Al concluir, el Obispo de El Alto delineó lo que llamó «la agenda de Cristo»: dar la buena noticia a los pobres y vendar corazones heridos. Exhortó a los sacerdotes a no ver el servicio en áreas rurales o parroquias alejadas como un «castigo», sino como una oportunidad de entrega generosa.
La celebración culminó con la renovación de las promesas sacerdotales y la bendición de los óleos y el consagrar del Santo Crisma, los cuales serán utilizados durante todo el año en la administración de los sacramentos en la urbe alteña y las provincias que corresponden a la jurisdicción.












