La Transfiguración fortalece la esperanza en medio del dolor y la prueba
En el marco del Segundo Domingo de Cuaresma, este domingo 1° de marzo de 2026, Mons. Juan Gómez, Obispo Auxiliar de Santa Cruz, presidió la Eucaristía dominical reflexionando sobre el pasaje de la Transfiguración del Señor. A la luz del Evangelio según san Lucas (cf. Lc 9,28-36), el prelado invitó a los fieles a vivir este tiempo como un camino de conversión profunda, fortaleciendo la fe y la esperanza en medio de las pruebas personales y sociales.
Durante su homilía pronunciada en la basílica Menor de San Lorenzo Mártir, Catedral de Santa Cruz, destacó que la experiencia de Jesús transfigurado no es solo un momento extraordinario del Evangelio, sino una confirmación de que el camino de la cruz conduce a la gloria.
Abraham: el valor de salir y obedecer
El Obispo Auxiliar recordó la llamada de Abraham en la primera lectura, donde el Señor le dice: “Sal de tu tierra y ve al lugar que yo te señalaré” (Gn 12,1). Este pasaje (cf. Gn 12,1-4a) muestra que Dios invita a salir de la propia tierra, de la comodidad y de los espacios conocidos. “No es fácil dejar”, expresó, señalando que cuando el Señor llama, la respuesta debe ser generosa. Así como Abraham obedeció y se puso en camino, los cristianos están llamados a salir de sus seguridades para confiar plenamente en Dios.
La Cuaresma como tiempo de transformación
Mons. Gómez insistió en que la Cuaresma es un tiempo de gracia y de cambio interior. “Tenemos que salir de todo aquello que nos mantiene encerrados en nosotros mismos”, afirmó, invitando a revisar aquello que impide seguir al Señor con libertad: el pecado, los vicios y las comodidades que atan el corazón. Este tiempo litúrgico es una oportunidad concreta para dar pasos nuevos y tomar conciencia de la propia vida espiritual.
La Transfiguración: confirmación de la esperanza
Al referirse al Evangelio de la Transfiguración (cf. Lc 9,28-36), explicó que este acontecimiento ocurre después del anuncio de la pasión, como un anticipo de la gloria. Jesús se transfigura ante Pedro, Santiago y Juan, y junto a Él aparecen Moisés y Elías, mientras se escucha la voz del Padre que proclama: “Este es mi Hijo, escúchenlo” (Lc 9,35). Para el Obispo, este momento confirma que el sufrimiento no tiene la última palabra y que la fe se sostiene en la promesa de la gloria futura.
Escuchar a Cristo y hacerlo vida
El llamado central del Evangelio —“Este es mi Hijo, escúchenlo” (Lc 9,35)— fue presentado como una invitación concreta para cada creyente. “Nos toca escucharlo, nos toca dar un paso, nos toca hacerlo parte de nuestra vida”, expresó Mons. Gómez. Escuchar a Cristo implica hacerlo presente en la vida cotidiana y convertirse en instrumento de la Buena Noticia. El prelado animó a vivir los 365 días del año buscando al Señor, fortaleciendo la oración, la penitencia y la limosna como pilares del camino cuaresmal.
Conversión y perdón desde el corazón
Otro de los ejes de la homilía fue la reconciliación. “Lo que el Señor nos invita en este tiempo es reconciliar, perdonar y perdonarnos”, señaló. Explicó que el perdón verdadero requiere una conversión profunda, pues sin transformación interior solo queda un acuerdo superficial. “Sin esa conversión no va a haber el perdón del corazón”, advirtió, invitando a dejar atrás resentimientos y a vivir un cambio auténtico que nazca desde lo más profundo.
Cercanía pastoral ante el dolor: oración por las víctimas del accidente aéreo en El Alto
En un momento de profunda sensibilidad pastoral, Mons. Gómez elevó una oración por las familias afectadas por el reciente accidente aéreo ocurrido en la ciudad de El Alto. “Pedimos por las familias que han sufrido los desastres en el accidente aéreo”, expresó con tono de cercanía y solidaridad.
El Obispo invitó a la comunidad a acompañar espiritualmente a quienes atraviesan el duelo, recordando que la fe no elimina el dolor, pero sí lo sostiene con esperanza. Asimismo, pidió por los países en conflicto para que reine la paz, exhortando a que en este tiempo de Cuaresma la oración brote desde lo más profundo del corazón y se convierta en fuente de consuelo y fortaleza para quienes más sufren.
Finalmente, el Obispo Auxiliar invitó a vivir esta Cuaresma como un itinerario permanente de conversión. “Que el Señor nos conceda esta gracia”, concluyó, animando a los fieles a seguir al Señor hacia el lugar que Él mismo les señalará, confiando en que la Transfiguración confirma nuestra fe y renueva nuestra esperanza.
Fuente: Arquidiócesis de Santa Cruz


