NOTICIASVicariato Apostólico Ñuflo de Chávez

Mensaje de Mons. Antonio Reimann para el Mes de Marzo

𝐄𝐒𝐓𝐄 𝐄𝐒 𝐌𝐈 𝐇𝐈𝐉𝐎 𝐀𝐌𝐀𝐃𝐎, 𝐄𝐒𝐂𝐔𝐂𝐇𝐄𝐍𝐋𝐎

La Palabra de Dios del segundo domingo de Cuaresma nos introduce al nuevo mes, el mes de marzo, un mes de grandes acontecimientos a nivel eclesial, social y político; nos ayuda a prepararnos espiritualmente para la Semana Santa que se inicia con el Domingo de Ramos, el 29 de marzo, y nos introduce en la solemne celebración de la Vigilia Pascual -4 de abril- y la solemnidad de la Resurrección del Señor.

Este mes es importante para el pueblo boliviano, que está invitado a expresar su solidaridad con los afectados del siniestro aéreo ocurrido en el aeropuerto de El Alto en La Paz. También en este mes el pueblo acudirá a las urnas para las elecciones subnacionales. Exhortamos que las campañas políticas de los candidatos para las Gobernaciones y Alcaldías Municipales sean verdaderas propuestas de desarrollo y progreso, y realmente beneficien a los más

necesitados.

No podemos quedarnos indiferentes también ante lo que está sucediendo en Medio Oriente, y afecta el ámbito internacional con el peligro inminente de una tercera guerra mundial. Ante esta situación, el papa León XIV expreso que “la estabilidad y la paz no pueden construirse mediante amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino sólo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable” (CNN); recemos por la paz en medio oriente.

𝐋𝐚 𝐏𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐧𝐨𝐬 𝐢𝐥𝐮𝐦𝐢𝐧𝐚

Como personas de fe, nos dejamos iluminar por la Palabra de Dios, para vivir con profundidad el camino de la conversión espiritual, que nos prepara para la celebración gozosa de la Pascua y para tomar decisiones que, a nivel social y político, nos ayuden construir una sociedad más digna y humana.

El evangelio del segundo domingo de Cuaresma (Mt 17, 1-9) nos invita a subir con Jesús a una montaña alta. Es el pasaje de la transfiguración, en el que Jesús aparece rodeado de reconocimiento y gloria. Esta experiencia sucede inmediatamente después del primer anuncio de la pasión y de la instrucción de Jesús a sus discípulos acerca de la necesidad de seguirlo por el camino doloroso (cf. Mt 16, 21-28).

Pedro, Santiago y Juan, son testigos de la gloria del Mesías, plenitud de la Ley y los Profetas, representados por Moisés y Elías, Cuando ellos contemplan a Jesús transfigurado, con su rostro brillante como el sol y su ropa blanca como la luz, entonces

Pedro se dirige a Jesús y le dice: Señor, qué bien estamos aquí. Si quieres voy a hacer en este lugar tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Y, cuando todavía estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y una voz que venía de la nube dijo: Este

es mi Hijo amado, en quien me complazco, escúchenlo.

𝐍𝐨 𝐞𝐬 𝐬𝐮𝐟𝐢𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐬𝐮𝐛𝐢𝐫

Y es aquí, donde nos viene la primera enseñanza, tanto a nivel eclesial, como a nivel político: No basta solamente subir arriba, y sentirse bien porque en la cumbre la luz resplandece con mayor claridad, como así lo expresa Pedro: ¡qué bien que estamos aquí!

Se trata, en primer lugar, de que estando “arriba”, ejerciendo un poder, aprendamos a escuchar al Señor a través de su palabra, a través de su pueblo, porque todo cambio comienza por la escucha. Es el Señor mismo el que nos da un ejemplo claro dedicando

treinta años de su vida a la escucha en la familia de Nazaret.

También, en su vida pública, lo vemos retirarse de la multitud a lugares solitarios buscando el encuentro con el Padre en la oración. Jesús, acoge como proyecto de vida el querer de Dios, su causa es la misma voluntad del Padre (cf. Jn 14,10), y en su anuncio devuelve, la profecía del Antiguo Testamento, renovada y hecha Buena Noticia a los pobres y sedientos de su ayuda (cf. Lc 4,18).

𝐀𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐚 𝐛𝐚𝐣𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐧 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬

La segunda enseñanza de este evangelio de la transfiguración es aprender a bajar de “arriba” con Jesús, a las llanuras de la vida ordinaria; mantener viva la memoria de su gloria en los momentos de prueba, de sufrimiento corporal y espiritual, en la hora de la

persecución por parte de las propias debilidades o de las ajenas. Jesús nos acompaña con la fuerza de su Espíritu, para que, escuchándolo siempre, seamos testigos de su victoriosa

transfiguración en la familia, en la parroquia, en el grupo al que pertenecemos, en la escuela, en las redes sociales, en la comunidad religiosa, sacerdotal, como autoridades, en todo lugar y situación en que nos encontremos.

𝑬𝒋𝒆𝒎𝒑𝒍𝒐 𝒂 𝒔𝒆𝒈𝒖𝒊𝒓

En este año celebramos 800 años de la muerte de San Francisco de Asís. En estos días en la basílica de San Francisco se venera las reliquias de San Francisco con motivo de los 800 años de su paso a la casa del Padre. Y acá nace una pregunta: ¿Recordaría hoy la

humanidad a San Francisco, si en su juventud hubiera optado por un estilo de vida mundana; si hubiera hecho caso a su padre dedicándose al negocio familiar? Sin embargo, Francisco optó por escuchar más al Padre de los Cielos, que a su padre carnal. En la Carta a todos los Fieles, Francisco nos dice: ❞𝑫𝒊𝒄𝒉𝒐𝒔𝒐𝒔 𝒚 𝒃𝒆𝒏𝒅𝒊𝒕𝒐𝒔 𝒔𝒐𝒏 𝒂𝒒𝒖𝒆𝒍𝒍𝒐𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒂𝒎𝒂𝒏 𝒂 𝑫𝒊𝒐𝒔 𝒚 𝒄𝒖𝒎𝒑𝒍𝒆𝒏 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒅𝒊𝒄𝒆 𝒆𝒍 𝑺𝒆𝒏̃𝒐𝒓 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝑬𝒗𝒂𝒏𝒈𝒆𝒍𝒊𝒐: 𝑨𝒎𝒂𝒓𝒂́𝒔 𝒂𝒍 𝑺𝒆𝒏̃𝒐𝒓 𝑫𝒊𝒐𝒔 𝒕𝒖𝒚𝒐 𝒄𝒐𝒏 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒆𝒍 𝒄𝒐𝒓𝒂𝒛𝒐́𝒏 𝒚 𝒄𝒐𝒏 𝒕𝒐𝒅𝒂 𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆, 𝒚 𝒂𝒍 𝒑𝒓𝒐́𝒋𝒊𝒎𝒐 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒂 𝒕𝒊 𝒎𝒊𝒔𝒎𝒐❞.

Y junto con San Francisco imploramos a Dios: “¡Oh alto y glorioso Dios! ilumina las tinieblas de mi corazón. Dame fe recta, esperanza cierta, caridad perfecta; acierto y conocimiento, oh Señor, para cumplir tu santo y veraz mandato. Amén”.

Por intercesión de María, Mujer de escucha, pidamos al Señor que siempre escuchemos a Dios, pues, mientras hay escucha hay vida, hay esperanza, hay fuerza para amar, lo que tanto necesitamos para nuestra Iglesia y el mundo entero.

𝐑𝐞𝐜𝐢𝐛𝐚𝐧 𝐦𝐢 𝐟𝐫𝐚𝐭𝐞𝐫𝐧𝐨 𝐬𝐚𝐥𝐮𝐝𝐨,

+𝐀𝐧𝐭𝐨𝐧𝐢𝐨 𝐁𝐨𝐧𝐢𝐟𝐚𝐜𝐢𝐨 𝐑𝐞𝐢𝐦𝐚𝐧𝐧 𝐎𝐅𝐌

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