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Mons. Basilio Mamani hace un llamado a renovar la fe y confianza en tiempos complejos

Prensa CEB 22.03.2026. En una jornada marcada por el deber ciudadano y la reflexión espiritual, la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles en La Paz fue el lugar donde se celebró la solemne Eucaristía este Quinto Domingo de Cuaresma. La Misa, presidida por Mons. Basilio Mamani, Obispo Auxiliar de La Paz, coincidió con el desarrollo de la jornada electoral nacional para la elección de gobernadores y alcaldes en Bolivia.

Ante una feligresía atenta y en un clima de profunda oración, Mons. Mamani centró su homilía en el pasaje evangélico de la resurrección de Lázaro, trazando un puente entre la fe cristiana y la realidad social y personal que atraviesa el pueblo boliviano.


Un Dios que llora con su pueblo

El prelado inició su mensaje destacando la humanidad de Jesús frente al dolor de las hermanas Marta y María. En un contexto de incertidumbre política y social, el Obispo recordó que Dios no es indiferente a las «muertes interiores» ni a las crisis económicas y familiares.

«Jesús no da un discurso frío ni minimiza el dolor; Jesús se conmueve y llora. Es el rostro de un Dios cercano que entra en nuestras realidades paceñas y bolivianas marcadas por el cansancio y la lucha diaria», afirmó Mons. Mamani.

La fe frente a la incertidumbre

El Mons. instó a los ciudadanos a no permitir que el corazón se endurezca por el miedo o el resentimiento. Subrayó que la fe debe ser el motor de una «esperanza activa y comprometida con el bien común», especialmente cuando los caminos parecen cerrados o la división amenaza la convivencia.

«Quien cree en Cristo nunca está derrotado, porque Dios siempre puede abrir caminos donde nosotros ya no vemos salida», enfatizó, llamando a los fieles a realizar una profesión de fe similar a la de Marta, incluso en tiempos complejos.

El llamado a la vida nueva

Jesús ante el sepulcro dijo: «Lázaro, sal fuera». Mons. Mamani explicó que este grito es una invitación actual para que los bolivianos abandonen los «sepulcros» del rencor, la falta de perdón y la indiferencia.

Asimismo, destacó el rol de la comunidad y de la Iglesia en este proceso de liberación:

  • Acompañamiento: Una Iglesia que ayude a «desatar» a los que están presos del miedo.
  • Solidaridad: Ser instrumentos de resurrección para quienes sufren soledad o angustia.
  • Compromiso: Pasar de la oscuridad a una vida de plenitud en el amor de Dios.

Al concluir, el Obispo elevó una oración por la unidad de la familia boliviana, pidiendo que la bendición de aquel que venció a la muerte transforme los corazones y conduzca al país hacia la paz y la justicia.

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