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Mons. Giovani Arana: Gratitud, memoria y esperanza, El Alto se construye con trabajo, solidaridad y fe

Prensa CEB 6.03.3036. Mons. Giovani Arana presidió la mañana de este 6 de marzo la Eucaristía en la denominada Alcaldía Quemada de la ciudad de El Alto, junto a autoridades municipales y fieles, en el marco del aniversario 41 de esta urbe alteña. En su homilía, el obispo destacó que en El Alto “se aprende todos los días que la vida se construye con el trabajo, con la solidaridad y con la fe”, y recordó las historias de esfuerzo de familias y jóvenes que, con sacrificio, buscan salir adelante.

A partir de la parábola del Buen Samaritano, Mons. Arana lamentó las actitudes de indiferencia frente al reciente accidente ocurrido en la ciudad, cuando algunas personas, enceguecidas por el dinero esparcido, “dejaron de ver el sufrimiento de los heridos” y pasaron de largo ante el dolor. Señaló que este hecho debe ser una llamada de atención para toda la sociedad, particularmente para quienes ejercen responsabilidades de servicio en la vida pública y en la Iglesia, invitando a preguntarse qué valores se están inculcando y porqué se ha normalizado el sufrimiento.

El Alto, llamada a ser una “ciudad samaritana”

Al mismo tiempo, el prelado destacó los gestos de solidaridad que surgieron en medio de la tragedia: médicos, rescatistas, vecinos y ciudadanos que se movilizaron para ayudar a las víctimas. Ese espíritu, afirmó, debe ser “el alma de nuestro pueblo”, y llamó a que El Alto se convierta en una “ciudad samaritana”, que no pase de largo frente al dolor, donde nadie quede abandonado al borde del camino y menos las autoridades sean indiferentes; la ciudad que Dios quiere, subrayó, es una donde reinen la compasión, la justicia, la solidaridad, donde la vida humana sea respetada, los pobres atendidos, los jóvenes tengan oportunidades y las familias vivan con dignidad y seguridad.

Gratitud, memoria y esperanza por los 41 años de El Alto.

Retomando las palabras del Papa Francisco, recordó que una sociedad se mide por cómo trata a los más frágiles y planteó tres sentimientos para la oración comunitaria: gratitud por los 41 años de El Alto, memoria y súplica por quienes fallecieron en la reciente tragedia, y esperanza en un futuro mejor para la ciudad, confiando en que “la historia de los pueblos está en las manos de Dios”.

Finalmente, encomendó a la Virgen de Copacabana, “Mamita que camina con su pueblo”, el cuidado de El Alto, pidiendo que proteja a sus familias trabajadoras y ayude a construir una ciudad más fraterna, solidaria y verdaderamente humana.

Posterior a la Misa celebrada en la urbe, se procedió a la sesión de Honor del Consejo Municipal de El Alto.

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