Obispo de El Alto celebró el Domingo de Pascua desde el Asilo de las Misioneras de la Caridad
Prensa CEB 6.04.2026. La alegría de la Resurrección se hizo presente de manera tangible en la Eucaristía presidida por el Obispo de El Alto, Mons. Giovani Arana, quien se trasladó hasta el hogar de las hermanas de la congregación fundada por Santa Teresa de Calcuta. En un ambiente de sencillez y profunda espiritualidad, el prelado compartió el mensaje pascual con las religiosas y los residentes, proclamando que Cristo ha vencido a la muerte.
La noticia más grande de la historia
Durante su homilía, Mons. Arana enfatizó que la Pascua no puede reducirse a una «frase bonita» o un eslogan vacío. «Es la noticia más grande que hemos recibido. A través de este acontecimiento, la vida ha vencido a la muerte, el amor al pecado y la luz a la oscuridad», afirmó.
Al reflexionar sobre el Evangelio, el Obispo destacó que el camino de la fe es un proceso de descubrimiento:
«La fe en la resurrección no se impone, se va descubriendo en los signos sencillos de la vida cotidiana. Los discípulos no encontraron letreros luminosos, sino un sepulcro vacío y silencioso. Es en esa sencillez donde Dios sigue obrando».
Esperanza en la fragilidad
Dirigiéndose especialmente a los ancianos del hogar, Mons. Arana ofreció palabras de consuelo ante la soledad y el dolor que muchas veces acompaña la vejez. Aseguró que, para Dios, esta etapa no es un «pasado inútil», sino una historia viva de oración y sacrificio.
Dignidad frente al descarte: «A los ojos del mundo, la vejez puede parecer una etapa perdida, pero la Pascua nos dice otra cosa: Dios saca fuerza de lo débil». Signos de vida: El Obispo comparó la vida de los residentes con el sepulcro de Cristo: un lugar donde parece que todo termina, pero donde en realidad Dios está empezando algo nuevo.


Un llamado a remover las «piedras» del presente
El Obispo instó a la comunidad a ser instrumentos de Dios para remover las piedras que impiden la vida: la soledad, el miedo al futuro y el dolor del espíritu. «No solo debemos dejar las cosas a Dios; somos sus instrumentos. Debemos preguntarnos qué acciones vamos a realizar para que triunfe la vida en nosotros y en los demás», señaló.
El Evangelio hecho visible
Finalmente, Mons. Arana extendió un agradecimiento especial a las Misioneras de la Caridad. Para el prelado, la labor de las hermanas es la prueba de que la Resurrección es un hecho actual y concreto.
«Gracias por hacer visible el Evangelio con gestos concretos. Aquí la resurrección no es teoría; se vive en el cuidado, en la ternura y en la dignidad que buscan para las personas de este hogar», concluyó, encomendando a los presentes a la protección de la Virgen María para ser «misioneros de esperanza» en un mundo necesitado de luz.
Imágenes gentileza Diócesis de El Alto


