Mons. Lizardo Estrada: “No podemos caminar con Cristo si negamos caminar con el hermano que piensa diferente”
Prensa CEB 28.05.2026. La Eucaristía de clausura del Encuentro Regional de los Países Andinos fue un momento de aliento a vivir una Iglesia sinodal, misionera y cercana a los pobres. Durante la celebración, Mons. Lizardo Estrada, secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), dijo que “la sinodalidad es el antídoto definitivo contra el clericalismo” y exhortó a las Iglesias de la región a “pasar del yo al nosotros”.
La celebración reunió a delegaciones de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia, quienes también presentaron brevemente la vida y el testimonio de santos representativos de cada país, como Santo Toribio de Mogrovejo, Santa Nazaria Ignacia, Santa Mariana de Jesús, San José Gregorio Hernández y Santa Laura Montoya, figuras destacadas por su cercanía con los pobres, la misión evangelizadora y el servicio al pueblo.
“Los santos son evangelio viviente”
Al iniciar su homilía, Mons. Estrada se refirió al testimonio de los santos latinoamericanos presentados durante la celebración, asegurando que “Ellos son evangelio viviente”.
Recordó que, aunque muchas personas ya no leen el Evangelio, los cristianos están llamados a convertirse ellos mismos en Evangelio para el mundo actual. “He escuchado en algún momento que ya no hay gente que está leyendo mucho la palabra de Dios, el Evangelio. Como no se lee el Evangelio, nosotros seamos el Evangelio”, invitó.
Agregó que estos santos “verdaderamente han sido evangelio para su momento” y que hoy corresponde a la Iglesia “ser evangelio para este tiempo”.
“Hemos venido a tejer historias, desafíos y esperanzas comunes”
Mons. Estrada compartió que el encuentro regional vivido en Bolivia se convirtió en “un verdadero espacio de fraternidad, tejido común y esperanza” entre las Iglesias andinas.
A la luz de las lecturas de la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, reflexionó sobre la respuesta de Abraham ante el llamado de Dios: “Aquí estoy”. “Ese mismo eco resuena en el salmo: ‘Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad’”, dijo, y manifestó que ese “Aquí estoy” también ha sido la respuesta pastoral de quienes participaron en el encuentro desde el inicio de las jornadas el pasado 25 de mayo.
“Hemos venido a tejer no solo ideas, sino historias, desafíos y esperanzas comunes”, reiteró. Y comparó además la entrega de Abraham con la entrega que hoy se pide a la Iglesia latinoamericana. “Nosotros estamos llamados a no reservarnos nada, ni nuestros dones, nuestro tiempo ni nuestras seguridades para ponerlos al servicio de este tejido de elementos comunes que nos une como pueblo”, expresó.

La Eucaristía como modelo de Iglesia sinodal
Reflexionando sobre el Evangelio de Lucas y la Última Cena, Mons. Estrada sostuvo que la mesa de la Eucaristía se convierte en el modelo de cómo debe vivir la Iglesia: “La mesa de la Eucaristía deja de ser solo un rito sagrado para convertirse en un plano fundacional de cómo debe ser y actuar la Iglesia”.
Aseguró que la sinodalidad no puede entenderse como una estructura burocrática o parlamentaria: “Hemos dicho y he escuchado que la sinodalidad no es un parlamento ni es una estructura burocrática, sino un estilo de vida que nace precisamente de lo que Jesús hace y dice en esta cena”.
El obispo desarrolló varios elementos que, según explicó, ayudan a comprender la vida sinodal. “La mesa redonda es el espacio donde nadie es espectador”, Mons. Estrada puso en primer lugar el símbolo de la mesa compartida: “La mesa de la Eucaristía es el primer espacio verdaderamente sinodal”. Explicó que alrededor de la mesa todos participan y nadie queda excluido: “Aquí estamos todos. Horizontalidad en la comunión. En torno a la mesa no hay dignidades que sean más o menos”. Recordó además que por el bautismo todos los fieles poseen la misma dignidad y corresponsabilidad dentro de la Iglesia.
Iglesia que escucha sin prejuicios
“Ardientemente he deseado comer esta Pascua con ustedes”, recordó el obispo citando el Evangelio. Explicó que la sinodalidad nace del deseo de Jesús de encontrarse con su pueblo y no de simples estrategias pastorales.
“El caminar juntos o el sínodo no surge de una iniciativa humana, sino del deseo ardiente del Señor de encontrarse con nosotros”, señaló.
Añadió que antes de debatir o tomar decisiones, la Iglesia debe aprender a escuchar al Espíritu Santo y a escucharse mutuamente: “No hay sinodalidad sin esa escucha paciente, abierta y sin prejuicios”, indicó. Y recordó que Jesús no reunió “a un comité de expertos perfectos”, sino a “una comunidad real que necesitaba aprender y caminar juntos”.
“El pan se parte para llegar a todos”
Mons. Estrada insistió en que el gesto de partir el pan revela la esencia de una Iglesia en salida y misionera: “El pan se parte para poder llegar a todos. De la misma manera, una Iglesia sinodal es una Iglesia en salida misionera que se deja desgastar y partir por las necesidades del mundo, especialmente por los pobres”, expresó.
En ese contexto recordó a los pueblos originarios, a las personas con discapacidad y a quienes sufren exclusión.
Asimismo, evocó el testimonio de los santos latinoamericanos presentados durante la celebración, destacando especialmente a Santa Laura Montoya y a Santo Toribio de Mogrovejo por su entrega misionera.

“La sinodalidad es el antídoto definitivo contra el clericalismo”
Durante la homilía también abordó el tema del poder y el servicio dentro de la Iglesia. Recordó que en el Evangelio los discípulos discutían sobre quién era el más importante y explicó que Jesús responde colocando el servicio como centro de la autoridad cristiana: “El que sirve debe ser como el más importante”.
A partir de ello señaló que “la sinodalidad es el antídoto definitivo del clericalismo porque reubica la autoridad no como poder, sino como servicio compartido”.
Añadió que todos los bautizados están llamados al servicio y recordó que por el bautismo todos participan del sacerdocio común como “sacerdotes, profetas y reyes”.
“Pasar del yo al nosotros”
Hacia el final de su reflexión, Mons. Estrada propuso tres verbos para el camino pastoral de la Iglesia: pasar, aprender y convertirse.
El primero, explicó, consiste en “pasar del yo al nosotros”. “La Eucaristía no es un acto de piedad individualista”, dijo. En ese sentido cuestionó las contradicciones de quienes participan de la vida religiosa pero rechazan o discriminan a los más vulnerables: “No podemos conjugar con Cristo si negamos caminar con el hermano que piensa diferente, el que se encuentra en el margen, el pobre, el inválido, el desamparado”.
También llamó a “aprender el arte del disentir en la mesa”, dialogando y buscando juntos lo que el Espíritu Santo pide hoy a la Iglesia, y alentó a convertirse en procesos de vida, dejándose transformar por el encuentro con el otro: “Tenemos que abandonar las rigideces para construir una Iglesia más acogedora, más fraterna, más cercana y más misionera”.
La Eucaristía concluyó con un altar dedicado a los santos y santas latinoamericanos, presentados como testimonio vivo de una Iglesia discípula misionera que continúa caminando junto a los pueblos de América Latina.



